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218 CORRESPONDENCIA DE LA M . .'\NGELES CON EL P. MARIANO 4.-He tenido ta~bién muchas tentaciones de abandonar la di– rección, unas veces por el miedo que tenía a V. R., retraímiento y vergüenza que me daba tratar de mis cosas después que se h~ya en– terado del contenido del libro que tiene en su poder, pues me repugna ~n gran manera todo lo que sea figurar en el mundo ·y aparecer lo que no soy, todo lo que no sea vivir sepultada en el olvido, en el lugar donde me coloca el conocimiento propio, hasta el extremo que califico de atrevimiento y me da vergüenza aun hablar, y mucho más delante de V. R. Otras veces, por librarme del peligro en que creía estar y de los pecados que creí cometer y que cometería en escribir lo· que me tiene mandado y en comunicar verbalmente y por escrito las cosas de mi alma, pues siendo un ser de pecado y de mentira parecíame no haría otra cosa que mentir v pecar en cuanto • C escribo y le comunico. Decíame a mí misma: «Bien, dejaré a mi Padre.; mas si le dejo, todos los pecados de que se ha cargado y hecho responsable ante Dios volverán a recaer sobre mí, pües no estoy absuelta de ellos, sino en cuanto cumplo el precepto relacionado con la dirección im– puesto por Dios ; ¿ quién me absolv~rá de ellos ?» Por otra parte, con tantos trabajos y tribulaciones como he padecido he llegado a unos extremos que sin dirección es segura mi perdición ; pues ni sé dónde vivo ni lo que hago, me hallo en un estado de impotencia suma para todo lo que no sea obedecer,. y sin un Ministro de Dios, sin un Dios visible 'qUe me asegure y diga lo que debo rechazar o creer, soy capaz de negar hasta mi propia existencia, si aprendo que no existo ; ni distingo los objetos visibles de los invisibles. ¡ Tal es el estado de incertidumbre en que me hallo ! ¿ Cómo, pues 1 aban– donar la dirección, ábandonar a mi Padre y quédar sola en esta región remota, en este estado de espiritualidac!., donde nadie fuera de él puede válerme ; pues si el Padre no me asegura, no puedo creer ni a Dios, único que existe para mí? No puede ser, porque me ex– pongo a perderme para siempre.» Esto mismo me indicaba el Señor, mejor dicho, Dios Uno y Trino, que se hacía ·presente a mi alma en un 111undo sobrenatural y divino (que he llamado región remota y estado de espiritualidad) donde me hallaba, fué quien me hizo lás reflexiones anotadas· ante– riormente para persuadirme de la suma necesidad que tenía de la
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