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CARTA XXIX, 23 E~ERO 191 I 2II y benigno ha sido conmigo hasta aquí, y darme el merecido cas– tigo. No crea que espero muchas consolaciones en este mundQ, no, de nadie ni por nada; pues hace tiempo que mi corazón, apropián– dose. aquellas palabras que aplica la. Iglesia al Salvador: Imprope– riiim expectavit cor meiim et miseriam (r) ... , no espera nada bueno en este mundo, ni en la hora de la muerte siquiera, pues vivo per– suadida de que entregaré mi espíritu a Dios entre lastimosos ayes y alaridos por la suerte infeliz que tal vez me esperará: en la otra vida (2). Nada digo del ·estado actual de mi alma, porqué es fatal. Me voy a ir con Dios por dos o tres días a ver si me consuela un poco, como entendí que lo haría c.uando indiqué a Su Majestad que iba a escribir a V. R. mi última. Verdad es que no pasa día sin que ex– perimente algún consuelo, especialmente en la comunión y misa, donde me quita el Señor mis penas y temores ; pero con todo, estoy triste. De ayer a hoy he leído todas las cartas que V. R. me ha . escrito desde julio hasta el 8 de diciembre del próximo pasado. Algo me he consolado con esta lectura, sobre todo con la primera carta, la que me ha comunicado aliento para combatir los temores que se habían apoderado de mí con la idea de que V. R. no será para mí la tabla salvadora que yo me creía ; y también cobré fuerzas para . continuar obedeciendo en escribir, pues vi o recordé cómo esta obe– diencia es la segunda virtud que en la indkada carta me pide V. R. para hacerme toda de Jesús. 5.-En cuanto al libro m§lnusérito no soy quien para decir lo que debe hacer con él ; pero me tomo la libertad de suplicarle que arranque de él todo lo que se halla escrito de· mano extraña, y en las hojas donde está: mi letra lo borre, si no lo quiere arrancar. Ese libro, si es Ci!.Ue ha de conservarse, debe escribirse de nuevo: 1. º, porque no es mi conciencia tal que me permita dejar a mi muerte en el mundo libro alguno escrito en estado de turbación o no com– pleta tranquilidad, como no la tenía cuando lo escribí segunda vez ; 2. 0 , porque tengo entendido que al principio del mismo debo indi- (1) · Salmo LXIV, 21. . (2) Efectivamente, entregó su alma al Sefior sollozando y suspirando; pero creemos que ,no era [a causa el temor de la suerte infeliz ,que le esperaba, sino más bien el ansia que abrasaba su pecho por librarse de las ataduras del cuerpo y unirse para siempre con .su divino Esposo.

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