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CARTA XXVII, 13 ENERO 191 I 201 A estos tres propósitos se añadió otro después : de no cdticar de nadie de dentro ni fuera del convento, y quien se descuidare hacer tres cruces en el suelo en medio del ·refectorio, estando en él la co– munidad. Hace unos días. Sor N. me pidió por favor le permitiese escribir a V. R. en lugar de su hermano, a quien del;:>ía haber esc·rfro esta se– mana; y le. dije que sí, porque me pareció que no tenía mucho gusto en escribir a su hermano. Le incluyo ·su carta. Bien puede complacer– la en lo que le indica acerca del tratamiento, pues la angelita lloraba inconsolable un día porque el P. Confesor no la había llamado hija al despedirla, según costumbre, atribuyendo esto al disgusto que le habría ocasio~ado con una falta que le ~onfesó. Es una infeliz; no se puede menos de reir con ella. En cuanto a la cadenilla, no le haga caso ; que se contente con las de cuerda, que por ahora basta y no quiero que le permita más penitencia que las que hace. 2.-En mi poder su grata. En cuanto a escribir, por ahora estoy tranquila y contenta ; veremos lo que dura. Que soy Ja mayor peca– dora, me parece que revelará el escrito a cuantos leyeren, pues mi conciencia me obliga a afirmar una y muchas veces de modo que me crean. Ya he indicado que no indiyidualizo mis muchos y enormes pe– cados, porque temo enseñar a pecar, pues son muy graves (1); y lo .·repetiré las veces que crea necesario, para que vean que digo verdad.' Con todo no sé si podré cumplir mi cometido ·como es debido y V. R. me indica, sin individualizar alguno o algunos pecados. Al rpanifestarme el Señor por vez primera su voluntad acerca de escribir lo que estoy escribiendo, dije a su Majestad : «no podré yo referir por escrito los favores, etc., que me insinuais, me obligará a escribir al Padre designado por Vos para dirigir mi alma sin decir prii:nero mis muchos y graves pecados; y siendo éstos tantos. y tan grandes, ni el Padre ~i ninguno que· lea mi relato dejará de tener por fantásticas ilusiones vuestros favoresn. <-:No te preocupes de esto-me (1) Aquí será -conveniente recordar cuanto dejamos escrito acerca de 1;:i hu– mildad de la sierva de Dios en 1a «Introducción», p. XVI. Lejos de escanda:Jizar sus supuestos pecados, nos edific¡:¡ y enamora la ·sencille.z y candor inmaculado de esta alma privilegiada y humildísima, quien, iluminada constantemente por los esplendores de i!a divina ciencia, descubría las más leves faltas que mancillaban su a1rna, y al compararlas con la ,infinita .e incomprensible santidad de Dios, veía la fealdad de la criatura. Gf. /l ulobiografia, p. 2 r.
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