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188 CORRESPONDENCIA DE LA M. ÁNGELES CON EL P. MARIANO no (1). Trajo el libro y me leyó, y lo leí después yo por espacio de dos o tres días; pero no pude entender lo que leía. Piíseme a discu– rrir qué libro sería bueno para yo poder ver a Dios enojado conmigo, pero dispuesto a perdonarme, como lo deseaba ; y entendí que no ha– bía otro que el mismo Dios, único libro inteligible a mi alma y abier– to siempre a mi vista para que leyera en él. Deseé que Dios Nuestro Señor me mostrase en sí mismo el atributo de su justicia en su más terrible aspecto, y si en vida no podía, le rogué me quitase la vida y llamase a juicio, pues había resuelto no creer a lo que me decía ni el mismo Dios siquiera mientras vivo en este mundo, donde no veo en Dios más que bondad y misericordia, y me parecía que me reser.:. vaba el castigo para la ótra vida, y yo quería a todo trance conocer la verdad para en el ·caso de ser verdad que Dios estaba enojado con– tra mí, aplacarle abjurando mis errores y convirtiéndome de veras a Dios. En fin, he pasado estos días en un estado de alejamiento de Dios, de odio y aborrecimiento al. mismo, tal que fuera de la comunión y santa Misa, no me he dirigido a Dios ni siquiera con una ·breve jacu– latoria, nada, nada, nada, empeñada en buscar al Dios de justicia ·que me sacase de mis dudas y me dijese la verdad, y no amar a na– die fu.era de :E:!, adorar ni tratar ni al mismo Dios en el atributo de su bondad. 2.-Muchísimas veces he propuesto no leer ninguna carta de V. R. fuera de la epistolar anteriores a ésta ni las que me escribirá en lo sucesivo, para continuar con los sentimientos que abrigo al pre– sente y no cambiar; pues quiero temer a Dios y vivir persuadida de que me condeno, aunque sin dejar por esto de amar a mi Dios lo sumo ·posible. Mas todas la:s ve.ces que propuse hacer esto y no creer nada de lo que en adelante me dijera en pro para alentar mi confianza, me pareció que me decían que el encerrarme en esto de no querer cam– biar de impresiones ni creer nada de lo que V. R. me dijera en pro,· sino sólo lo que me dice en su carta epistolar y aun en ésta en contra mía, era soberbia y equivalí~ a querer apropiarme de nuevo la volun– tad que había entregado a Dios por el voto de obediencia a mi Di- (1) Es la conocida obra del P. Nierenberg, S. J. l'l1ás tarde ;c¡daptó .otra opra del mismo autor: La hermosura. de Dfos, para s1,1 uso particular, que dividió en veinticinco capítulo.s o meditaciones. C:::f. MELCHOR DE PoBLADURA, Una. Flor sie~ previva, p. I 17-II8.
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