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18+ CORRESPONDENCIA DE LA :M • .'\NGELES CON EL P. MART:\NO tes efecto de la infinita bondad y 1~isericordia de Dios, de su infinito amor a mi alma, hoy lo miro como efecto de su aborrecimiento y có– !era divina y· lo tengo por el más terrible castigo ; pues no puede darse mayor castigo que mostrarse benigno a quien se aborrece, aun– que justifico este modo de proceder de Dios con mi alma, pues me- , rezco éste y mayores castigos. Esto y la frase: «es posible conocer a Dios y ofenderle tanto corno le has ofendidon (1), me han obligado a alejarme de Dios cuan– to es posible alejarse de Él en .esta vida, al menos en deseo: J.°, po.r– que me han hecho mirar los favores de Dios y su misericordiosa con– ducta conmigo como el acto más inexorable y terrible de su justicia divina irritada contra mí, como una señal evidente de mi condena– ción eterna, y de consiguiente me he visto obligada a aborrecer 'sus• finezas y todas las pruebas de amor que he recibido y recibo del Se– í'íor; 2. 0 , porque me han hecho creer que el Dios que yo he amado y servido y tratado hasta el presente, no es el Dios-verdad, sino un Dios fabricado por mi entendimiento o fantasía. De aquí que he re– suelto no creer en el Dios que yo conozco, ni amarle, ni adorarle, ni comunicar con Él poco ni mucho, persuadida de que si el Dios que se hace presente a mi alma y he trat'ado hasta aquí hubiera sido el Dios-verdad, no hubiese permitido que yo pecara t~nto. Para evitar los pecados que indudablemente cometeré en esta tercera dirección en mi trato con V. R., he resuelto no hablar- nada fuera de la confe– sión de mis pecados, pues sabido que toda mi espiritualidad ha sido una farsa, un embuste, una mentira y que lo será en adelante (no es– pero otra cosa de mí), no me queda otra cosa que comunicar sino pe– cados, los que aoundan y abundarán siempre, por desgracia, en mi pobre y pecadora alma. Así que le ruego y suplico que no haga caso ni dé importancia a ninguno ele los aparentes favores de Dios comu– nicados a V. R. en mis cartas: que lo mire todo como un acto de refi– nada soberbia mía, que Dios ha permitido en mí para que Y. R. nw conozca y trate como merezco: que rompa e inutilice tocia mi corres– pondencia y que no me deje hablar nada fuera de pecados, 111 nw (I) Es e,·idente ,que la malicia y grm·edad ele los pecados, depende en gran parte del ,conocimiento que el alma posee ele Dios. Por tanto, lo que el Director quería significar con esta .frase eó simplemente resaltar el aborrecimiento de Dios a las culpas de la dirigida, dado el conocimiento nada •común que ésta tenía de los atributos divinos y, sobre todo, ele los inefables misteri<¡s dt> 1n Trini. dad y Encarnación, como se desprt'mlía claramente di' su «Confesic'in general».
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