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CARTA XXIII, I I DICIEMBRE 1910 183 El estado de tribulación en que dije a V. R. me .había visto la Se– mana Santa este año no consistió en otra cosa que en el conocimien– to de los pecados, que V. R. llama contra el Espíritu Santo. Puede inferir el efecto que produciría en mí. ver confirmado por V. R. todo lo que entonces creí de mí. Como no me hallo en condiciones de escribirle, me limito a decir que si en la ocasión que refiero fui nece– saria la doble fiesta de la Encarnación y Muerte del Salvador para que no sucumbiera mi pobre alma bajo el peso de la gran tribula– ción y penas que padecí, no he necesitado menos al presente de otra fiesta de gratísimos recuerdos como la de la Inmaculada, nuestra Ma– dre y Patrona, para no precipitarme en el ahismo de la desespera– ción. Pero las fiestas pasan y con ellas las alegrías, y con las ale– grías y las fiestas desaparecen también los diques que impiden el curso de las aguas de la tribulación, y por esto mi alma se ha lle– nado de amargura y en algunos momentos de d.esesperación. No es para. i.nenos la cosa, pues no contenta con atravesar a puña– ladas. el pecho de Dios Padre, crucificar tantas veces a Dios Hijo y traicionar a Dios Espíritu Santo, he observado una conducta tan in– fame con .los ministros de Dios, abusando de la dirección, y lo mis– mo haré con V. R., pues de mí ya no se puede fiar ni esperar otra cosa, pues quien no se contentó con ofender a Dios Padre y Dios Hijo, sino que también traicionó al Espíritu Santo, no se contentará tampoco con menos que reproducir en tres Directores las infames ale– vosías cometidas contra las tres Divinas· Personas. En el volver la espalda a Dios de los 25 viejos que vió el profeta Ezequiel (r), y me dice moran en mi alma, he podido comprender la gravedad de la ofensa inferida a Dios en mi resistencia a sus llama– mientos, por entretenerme en pasatiempos y divertirme con criatu– ras; y en el justo castigo de este pecado que me •indica haberse veri– ficado en mí «qué extraño que haya resuelto obrar con todo fu.: rorn ... (2), he visto el tratamiento al parecer tan misericordioso y be– nigno de Dios con mi alma, de tal manera que lo que me parecía an- (r) Ezequiel, cap. VIII, 16. (2) ILa sentencia está tomada del citado cap. VIII de Ezequiel, v. 18: «Ahora pues yo también los trataré con rigorn. Lo que el Director quería decirle, con estas palabras era que si ella, respondiendo a los ·designios de Dios, no se •entregaba completament,e a la dirección, Dios Nuestro Señor aa abandonaríi:i a sus caprichos y v•eleidades, por manera que ll'lllinca llegaría a la unión perfecta y transforma– tiva con el Dios-Amor.
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