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r74 CORRESPONDENCIA DE LA M. ÁNGELES CON EL P. MARIANO No aguardó. más el Señor (quería pedirle consejo). Inmediata– mente me mostró a V. R. animado de los mismos sentimientos de ter– nura y bondad que su Divina Majestad para conmigo (como ya lo ha hecho otras veces en semejantes tentaciones). Me indicó que la conducta que observaría mi Padre conmigo en cuanto a quererme, inspirarme confianza, tratarme con amor y velar por mi bien, no se diferenciaría en nada de la suya, pues me amáría siempre en :Él y con f:l, etc., etc. Me enseñó también a mirar y recibir las reprensiones, castigos y recriminaciones de V. R. Y. cuantas humillaciones y des– precios est.ime conveniente hacer de mí no como el demonio me indi– caba, sino con los sentimientos de reconocimiento y amor con que una buena hija, dócil a la_ voluntad de su padre; recibe las medici– nas y píldoras amargas que éste' le procura y proporciona y hace to– mar deseoso de su curació'n en las enfermedades que le aquejan, la cual no por esto pierde la confianza y amor debidos a su padre,· que nunca más padre que cuando de esta suerte se interesa por su bien, antes bien se afianza más y más en ellos, cómo debo hacerlo yo. Con sólo ver a Jesús, cambió' mi alma de impresiones, y sus insi– nuaciones me obligaron a ratificar mi propósito y resolución de por– tarme con V. R. en la forma que su Majestad y Nuestra Madre Purí– sima me tienen ordenado, sin hacer caso de · 10 que el diablo me su– giere en contrario. ¡ Quiera Dios que así lo haga!. 6.-Cuando propuse comunica,r a V. R. el. contenido de la' pre– sente, comencé a experimentar muchos pensamientos de soberbia y vanagloria, engreimiento y complacencia por haberme concedido el Señor gracia para referir y expresar las interioridades de mi alma con la facilidad que otra cosa cualquiera. Al sentirme tentada de vanaglo– ria, me vinieron ideas de no escribirle ; pero recordando lo que tengo entendido de que al ocultar los favores divinos a V. R. no hago otra cosa que enterrar, como siervo malo, los talentos que Dios n1e da para negociar con ellos, determiné poner en ejecución lo que tenía pen– sado acerca de escribirle, y comunicarle también estas tentaciones de vanagloria. Apenas resolví esto, cuando empecé a sentir nuevas sugestiones de vanagloria por mi resolución de darle cuenta de las tentaciones que he indicado. «Pues también esto le voy a contar a mi Padre-dije entre mí-por si acaso es el demonio quien así me tienta para que no escriba a mi Padre ; y él lo arreglará corno mejor le pa-

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