BCCCAP00000000000000000000852

172 CORRESPONDENCIA DE LA M. :\NGELES CON EL P. MARIANO . 4.~Días pa,sados no. sé quién '(sospecho que sería el demonio) trató de afligirme o intranquilizar mi espír.itu, haciéndome ver que V. R. estaba disgustado conmigo, que me aborrece y .no me _puede ver, que le perjudica mucho 11).i trato, que ha conocido que soy ... una embustera, quería decir, de muy mal espíritu, hipócrita, etc., etc., y que había resuelto abandonarme. Esta idea del .abandono erá lo que me afligía, pues en cuanto a conocer que tengo mal espíritu, soy víc– tima de la imaginación o del demonio, no me daba ningún cuidado, porque e_staba dispuesta, y aun des~ando, emprender otro camino y con esto estaba todo remediado. Al experimentar est~s sugestioiies (o lo que fueran) se hallaba mi alma en m1 lugar oscuro donde no se ve nada, ni parece que existe Dios, pues para buscar a su Majestad necesito salir de allí todas las v~ces que me veo en aquel lugar, en el cu~l me veo con bastante fre-: cuencia; y aunque ignoro qué lugar· sea, pienso si será la parte in– ferior del alma. En cuanto advertí que estaba en la morada de las sombras y fantasmas y de los seres disfrazacios, que hablan sin darse a conocer (así llai;no yo a aquel lugar), procuré salir de él en busca ele mi Dios, a quien. hallé muy pronto en otro lugar muy cli 2tinto del primero, y adonde también me veo con mucha frecuencia. Expuse a su Majestad todas las aprehensiones adquiridas en aquella morada de sombras y oscuridad, y me las quitó todas, asegurándome ser el demonio el autor de aquellas fabulaciones, y que V. R. era para mí y sería siempre el mismo que me había demostrado ser la última vez que estuvo en Valladolid y que en nada había disminuído su carifio hacia mi alma con el conocimiento de mis miserias y pecados y las molestias que le ocasiona mi dirección, sino tocio lo contrario. Dije entonces al Sefior : «Creo, Dios mío, que es verdad lo que me insi– nuáis, porque lo veo aquí de una manera clara: pero como no siem– pre veo las cosas con tanta claridad y me asaltan con frecuencia las ideas y temores de que mi Padre me va a abandoóar, que se ha can– sado de mí, que ya no es el mismo que era, que ha cambiado de dic– tamen, étc., etc., y para persuadirme de esto y creer que es verdad veo tantos y tan ·poderosos motivos en mí, necesito que me afirme él y me ·asegure y me dé palabra ele no cambiar jamás ni dejarme, aun– que se canse o llegase yo a disgustarle algún día sin darme cuenta. ¿ Queréis que lo haga?» Por toda respuesta volvió el Señor a mos-

RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz