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168 CORRESPONDENCIA DE LA M. .'\NGELES CON EL P. MARIANO mayor que pueda imaginarse, fuera de un amar y glorificar a Dios, o sea, de un vivir actuada constantemente en acrecentar lo sumo posible la beatitud eterna, la gloria y felicidad de Dios Trino y U no, ele Jesucristo Nuestro Redentor. 3.-El día 30 por la tarde, expuesto el Señor, me sentí inclinada a entretenerme con su Majestad, y dejando de rezar el rosario, porque me .costaba trabajo, me fuí con Jesús no sé dónde. lVIe pareció que estaba con Él en• el tabernáculo ; pero no sé cómo pudo ser, pues yo veía una Persona Divina Humanada con mucha majestad y belleza suma de un modo que no sé explicar. Terminado el rosario, ayudé a cantar la letanía, y terminada ésta, me puse a escuchar el sermón, y a la vez a contemplar la santa imagen de Nuestra Purísima Madre del altar mayor. Al oír decir al predicador no sé qué del misterio de la Inmaculada, Concepción de nuestra gran Madre, sin perder de vista la efigie de María, que miraba y contemplaba, con el entendi– miento o no sé con qué facultad del alma, allá en una altura sublime; me pareció ver la Majestad infinita de Dios Trino y Uno represen– tada en la persona del Padre como un Dios infinito en atributos y perfecciones, per,o de· un modo especial, Inmaculado, Inocente, Puro, Santo. A este Dios principio sin p-rincipio, incomunicado y comuni– cable, me pareció ver producir en y de su sér la Persona del Verbo Inmaculado, Puro y Santo como fü ; y a este Dios Padre y Dios hijo, producir la divina Persona del Espíritu Santo Inmaculado, Puro y Santo también. I,os efectos de esta visión no los puedo yo referir de prisa y co– rriendo ; pero sí digo que me complací y disfruté de este divino atri– buto de mi Dios más que si fuera propio mío. Volví a ver a este Dios Trino, Inmaculado y Santo representado de modo singular en la persona del Padre, y me pareció que este Dios Padre (y en Él el Hijo y eL Espíritu Santo) fijando su mirada divina muy lejos, en un lugar que distaba mucho de su sér, que no era lugar sino un abismo de pura nada, daba el sér, y un sér 1nmaculado, inocente, puro y santo, semejante al suyo divino, a MaTía Inmaculada nuestra Augusta lVJa– dre; y nada más crearla la atrajo y aproximó a sí. La alegría y en– tusiasmo de mi pobre alma y mi gratitud a Dios por la obra de la creación de María y por la participación del atributo de la pureza sin mancha esencial de su sér divino a esta divina Señora en el instante

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