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CARTA X~, 3 DICIEMBRE 1910 pesaba más que yo) no podía ni dar un solo paso ; y quedé más bal– dada de lo que estaba. Y como. si esto fuera poco, no cesaba de repe:– tir : «Tú vas a ser una gran santa y por eso no te puedo yo servir para tus intentos)). Esto sí que es-decía yo-, ¿ con que los demás pueden vestir toda la ropa que quieren y yo, tan enferma como estoy, no puedo ni siquiera ponerme este único abrigo? Y entendí que me respondía no sé quién: «¿ No dices tú que te maravillas de ver que Dios te favorece tanto, que no sabes cómo e~to puede ser, y que dudas de la verdad de su cariño? Pues ahí ·tienes la pru~ba ; que quieras que no quieras tienes que imitar a Jesús, y no puedes dis- . frutar de ningún bien fuera de su Majestad)). Como esto fué el ·último. argumento, me convencí y creí que era así :verdad ; pero antes, todas las indicaciones de que voy a ser santa (que no era un simple decir, sino mostrarme con evidencfa la santidad como si llegando al término de mi vida estuviese ya en posesión de fa misma) atribuía al demonio o a mi soberbia, y procuraba rechazar– las todas como otras tantas tentaciones ; hasta que por fin, .insistiendó no sé quién en persuad1rme que era verdad que yo iba a ser una gran santa y otras cositas más, contesté a quien me hacía esta indicación : «¿ Pues qué hago yo para que Dios Nuestro Señor ~e porte de esta manera conmigo, si no cesó de ofenderle y no hago nada en su ser– vicio, unas veces porque estoy .enferma y otras porq1,1e no me quiero sacrificar?>> A lo que rrie pareció que me contestaban: «No por· lo que haces ni por lo que has hecho y eres se porta así contigo el Sefíor, sino por· 10 que prevé que serás .y ejecutarás en su obsequio y por su amor». Sentí yo un amor muy ardiente y purísimo hacia mi Dios, y no pudiendo sufrir la frase <<por .10 que serás y ejecutarás», etc., repuse : «Yo no seré nunca nada, ni ejecutaré cosa que valga por mi Dios, solamente a su bondad, a su infinito amor a mi alma es debido todo esto y se deberá cuanto haga a mi favor; sólo a l11sea dada la gloria». Y entendí que me respondían : «Pues ama esa bondad de Dios y no• vivas sino de su gloria, como pides y deseas, que en esto consiste. la · santidad». Quedé con grandes ansias de glorificar a mi Dios y de hacer yo su felicidad, que es lo único que me satisface, pues hace mucho tiempo que nó me llama la atención ni llena mis deseos nin– guna virtud, ninguna penitencia ni práctica de virtud, ni la santidad

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