BCCCAP00000000000000000000852
166 CORRESPONDENCIA DE LA i.\I. .'\NGELES CON :EL P. MARIANO del recuerdo cuyos efectos acabo de anotar, que lo dejo para otra oca– ción). Pues allá va. La semana pasada por espacio de unos tres días me pareció que todas las cosas, la creación entera me hablaba, pero de una manera sensible que no podía desatender, y me repetía: «Tú .vas· a ser una gran santan. Cada cláusula del libro que leía la lectora en el refec– torio parecía una profecía, un vaticinio de un ser invisible que allí presente me repetía incesantemente una misma cosa, la que antes in– diqué. Al sentarme en la mesa, ésta parece que me decía : «Adora a tu Dios, a ese Dios que tanto te ama y se digna hacerse presente aquí (en el refectorio) a tu aln1a, porque vas a ser una gran santa>>. Al servirme la comida, ésta me repetía también antes y después de co– mer: «Yo no existo para ti, porque tú vas a ser una gran Santa y estás destinada a disfrutar de bienes divinos, los mismos que disfruta Dios en su sér, que son infinitamente mejores que yo». A las religio– sas y varias almas religiosas y seglares de fuera del monasterio me parecía ver confirmar estas voces que oí repetir en todas partes a las cosas inanima1as, con el concepto que teriían formado de mí y favores qlJe recibían dél Señdr por su fe en mis pobres oraciones. ¿ Qué más? Pues que hasta los vestidos me hablaban lo mismo. Desde el prin– cipio del invierno había hecho intención ele no vestir más que la tú– nica y el santo hábito,· a no ser que la enfermedad me obligase a. abri– garme más. Yiéndome tan baldada, pensando que tal vez me perju– dicaría andar con tan poca ropa (aunque no sentía mucho frío), re– solví abrigarme un poco más, no mucho, porque nunca he podido. Estuve unos días luchando si poner o no en ejecución esta resolución, porque me temía que en tanto me pusiese la basquiña, único abrigo que resolví poner, vendría Jesús, como de costumbre, y me obligaría a quitar, ,y después ·me haría más impresión el frío, como me ha su– cedido muchas veces. Sin embargo, el viernes o sábado (no recuerdo bien) me determiné a poner el indicado abrigo, desechando todas las ideas contrarias como otras tantas niñerías, pues estando tan baldada como éstaba.(y estoy) me pareció era una imprude;1cia andar con tan poco abrigo, pues bastantes imprudencias había cometido ya y co– metía diariamente contra la salud. :\le pongo la basquiña, y la pobre señora en vez de servirme de abrigo empezó a servirme de carga y molestia insoportable ; ele tal manera que con el peso (me parecía que
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz