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160 CORRESPONDENCIA DE LA l\L ÁNGELES CON EL P. MARIANO agradecimiento de los beneficios concedidos a ambos durante la vida y de un modo singular desde que nos tratamos. A lo que contesté que ofreciese también en satisfacción de los pecados que yo había coi'he– tido bajo su obediencia y direcció~ ; y m~ dió palabra de que lo haría así. Así quedamos aquel día ; y hoy después de haberme corÍfesado y dado la absolución, me ha dicho qtJ.e ayer le había dicho una religiosa (que hace años que trata con el Padre) que ha sido el Señor Arzobispo quien me ha obligado. a cambiar· de Director, que ya le había anun– ciado ella que cuando se encargare de la comunidad o fuese confesor ordinario de la misma, como deseaba, le iban a quitar el cargo de Director de mi alma:, que el motivo no era otro que envidias por parte de las religiosas, etc., etc. Al olr esto, al pronto me callé; mas como no es cierto que E!l Prelado se inspiró en las religiosas para aconse– jarme esto, ,pues hace ya más de tres años que me lo dijo por primera vez, le. he dicho que las religiosas no son culpables ni el Señor Arz-. obispo tampoco, pues concediendo que ha sido él quien me ha obli– gado a cambiar de Director, no lo ha hecho por sí mismo, pues me consta que le aprecia mucho y no sólo le aprecia sino que le respeta y venera y tiene de él la mejor idea, porque así me lo ba dicho ; que sé de dónde viene este modo de proceder que tiene el Prelado con él en cuanto a su trato conmigo y otras religiosas, pero que no se lo digo porque no le conviene saber, y por consiguiente q11e no averigüe más ni se queje ni demuestre sentimiento alguno al Prelado ni a nadie, sino que lo deje y se acabó. Después me ha dicho que tenga cuidado con sus escritos, o sea, su correspondencia, y que no la enseñe a nadie, como tampoco la carta que me escribió de Balaguer. Y sin acordarme ni remotamente siquiera que esta carta úlüma habí9-~ enseñado a V. R., le he dicho que ya no existía, que la había inuti!.izado, como igualmente otra carta que me escribió en cierta ocasión que podía haberle preocupado. Y no le he dicho que he inutilizado toda su correspondel.lcia, porque tampoco me acordé; pero he resuelto decírselo a la primera ocasión que se me presente, y también la tragedia de los cuadernos que escri– bí por orden suya, pues me conviene que sepa que no existe en mi poder ningún escrito suyo ni mío. He aquí el motivo de toda mi intranquilidad.
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