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152 CORRESPO;,.¡DENCL\ DE LA ill. .'\NGELES CON EL P. MARIANO o incredulidad que tengo acerca de los favores divinos. Pues digo para mí : ¿ cómo es posible que un Dios tan santo favorezca de esta suerte a criatura tan infame como yo? Imposible. l\Ii entendimiento y no Dios es sin duda quien me hace presente a su l\fajestad, y por consiguiente no debo dar importancia a ninguna de estas cosas. Pero esta duda o _incredulidad me reprende no sé quién cual si fuera una falta de consecuencias gnives, corno si me dijera_: «¿ Así desprecias a todo un Dios? Este desprecio de los favores divinos, que no es otra cosa que enterrar como el siervo malo los talentos que Dios te da para negociar con ellos el divino amor. .. con el de -la" di– rección espiritual, que para dar la importancia debida a estos favores se te concede en primer ¾lugar ba sido y es la causa de tódos tus re– trocesos en el camino de la perfección)). A esta reconvención respondo yo : «Es que dudo si es Dios o no quien me favorece, y por esto pre– fiero dar en el extremo de rechazar y negar todos los f?tvores que re:– cibo o entiendo recibir de Dios que ser víctima de una ilusióhl). A lo que me responde el mismo espíritu, que ignoro cual sea: «Expón a tu Padre esa· duda, como igualmente tu incredulidad respecto de los designios de Dios en ti, ele que ere_s tú y no Dios quien te ha colocado y lleva por caminos extraordinarios, de su predilección por tu alma, etcétera, etc. ; y hecho esto somete tu crit_erio al suyo y descansa en su palabra ; de lo contrario «¡ ay de ti en la hora de la muerte !)) Este «¡ ay de ti en la hora de la muerte !)) me hace tntrever que si no doy crédito a lo que tantas vces me. ha insinuado el Señor de que me ama con predilección y (ha) enriquecido mi alma de gracias y dones di– vinos, me quiere muy santa y salvar por mi medio a muchas almas, etcétera, etc., y por esta incredulidad frustro los designios de Dios por mi falta de correspondecia y cooperación, me veré contusa y aco– sada de remordimientos mil a cual más terribles en el tribunal de este Dios de bondad, que ahora tanto me favorece -convertido en justo y severo juez cuando me llame· a juicio. Son tantas .]as v.eces que se me ha insinuado esto, que si las pu– diera enumerar creo pasarían de mil. Por esto el domingo 20, que fué para mí un día de gracias, al poner yo en duda estas gracias y favores divinos, y reconvenirme (me parece· que Dios) por esta falta ele fe en su bondad, al insinuarme era voluntad suya que acabara·. de una vez con estas dudas y temores, que tanto perjudican a mi

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