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CARTA XVII, 24 NOVIEMBRE 1910 151 esta vista y posesión de Dios presente en todo lugai· ! Ella cons– tituye mi paraíso en la tierra, y es lo prim'ero a que me _invita el Se– ñor con este favor, esto es, a vivir en este mundo al modo que los bienaventurados en el cielo, en continuo trato y comunicación con El. A quien busco y no encuentro es a Nuestra Madre Purísima, sien– do así que Dios Nuestro Señor sin buscarle. me sale al encuentro en todas partes. ¿ En qué consistirá esto? El día que dije a V. R. había tenido la Señora la bondad de mostrarse a mi alma pecadora, creí que ya no volvería a perderla más de vista y por esto le prometí no ejecutar en adelante cosa alguna sin primero contar con Ella. Pero me engañé, pues desde entonces, aunque la he buscado, no be podido encontrarla ; únicamente conservo una idea remota, o no sé qué, de la presencia de esta Divina Señora cuando estoy en comuni– cación con Dios, como si la mirara muy lejos y por esto no pudiera verla bien, o no sé qué. 4.-En todas las comunicaciones divinas me pasa· una cosa que me llama la atención. Y es que después que coge Dios. mi alma y se muestra o comunica a la misma, sin que yo advierta cuándo ni cómo, me pone en actitud de comunicar: a V. R. todo lo que he visto b me ba ocurrido, cual si existiera V. R. en el mismo Dios y antes, sin ne– cesidad de descender de aquel estado, le diera cuenta de todo lo que me ha pasado, pero sin ver a nadie más que a Dios y con conciencia de que la persona con quien comunico es V. R. Dada esta cuenta, vuelvo en mí y me pregunto : ¿ dónde. estoy? y ¿, quién me ha traído a mí aquí, pues yo me puse a hablar con el Señor? Y haciendo re– flexión me hago cargo de todo .lo que me .ha ocurrido desde que me puse en la presencia de Dios. Inmediatamente· siento que de nuevo me llama ·Dios Nuestro Señor, y algunas veces respondiendo a su llamamiento voy. Y en el favor inmediato me sucede lo mismo, esto es, que después que Dios se comunica~ al alma, me pone en actitud de referir a V. R. todo lo "que me ha pasado. Pero la mayor parte de las veces no respondo a estos llamamientos, antes bien resisto a ellos, procurando ocupar mi alma en otro asunto o en algürt ejercicio que tenga a las potencias ocupadas en actos propios, y no a merced del espíritu que me guía, o reposadas en Dios, como me siento llama- . da o inclinada. El motivo de esta resistencia yo creo que debe ser cierta duda
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