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CARTA XVI,_ I¡ NO,IEMBRE It;,)10 145 süplic~ndo al Espíritu San.to que no se ausentase, pues· en terminan– do con María Santísima, me iría ofra vez con El, pues hab'ía gozado poco tiempo de su divina presencia y deseaba pasar algún tiempo más con su Majestad. · Al verme sola con la Virgen en aquella· regi6n .clarísima de· luz, me pareci6 ver los múltiple~. y diversos estados de mi alma en que me había visto desde la última vez que me vi tan próxima de la D_ivina Señora a manera de un· mundo tenebroso en el que, era preciso andar cayendo y levantando y tropezando a cada paso. En vista de esto y de mi firme persuasión de que había ofendido mucho a la Señora en todo este tiempo, le rogué me perdonase tantos disgustos como le había ocasionado, pues había caminado con los ojos cerrados, a os– curas y sin luz, priváda de su vista y presencia, sin saber qué partido tomar, y por eso había tropezado y caído ta~tas veces en el camino de la virtud y ofendido tanto a Ella y al Señor. Y juzgando que . en adelante gozaría de aquel bien infinifo de su am1stad y trato fami– liar, de su magisterio y presencia, que e.n aquel entonces poseía, la di palabra de en adelante inspirarme para todo en Ella, y para esto •. me entregué toda entera a su obediencia, amor y servicio. Al hacer esta entrega sentí un fuerte impulso qu_e ~e movi6 efi– cazmente a emregar con singular amor y entusiasmo divino a Nues– tra Madre Purísima la persona de V. R:., rogándola que le recibiese. Me pareció que le recibía, y experimentando en mi alm!=l las ardientes. ansias, que muchas veces siento al ponerme en la presencia de la San– tísima Virgen desde el mes de julio a. esta parte, de que. V. R. ame mucho a esta Divina Señora y se distinga en su servicio y amor entre sus más fieles hijos y devotos, s'upliqué a mi Purísima me concediese esta gracia. Entendí que me decía la Virgen : «Tú no eres tuya sino de la obediencia, esto es de tu Padre Espiritual, a quien quiero pertenezcas en absolut(?, y en él pertenecerás a Dios y a mí.>> No recuerdo .si a este tiempo o más tarde, pensando en esto, re– cordé lo que me dijo V. R. e·n mi última confesión, a saber: ((Con todo lo malo que tú tienes me cargo yo; todo lo bueno para Dios». Y dije para mí: «Ve ahí por qué la Santísima Virgen me dice ahora que quiere que pertenezca por completo a· mi Padre Espiritual y que considere como suyo el amor que yo le prnfeso», en cuyo amor en– tiendo incluye todo el bien que yo ejecuto.

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