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142 CORRESPONDENCIA DE LA M. ÁNGELES CON EL P. MARIANO o debilidad de los pulmones que hace cinco años me aqueja ; por lo que me acosté anoche antes de cenar, y aunque me he levantado hoy con intención de pasar el catarro en pie, me parece que tendré que acostarme y hacer cama un día, pues nie siento mal. 2.-No quiero escribirle y me· veo obligada a hacerlo. ¡ Qué tra– bajo tengo ! ¿ Tendré que vivir así toda la vida? El conocimiento • propio me pone a ratos en un estado de abatimiento y humillación tal que me pone en precisión de aislarme por completo de toda criatura humana para siempre jamás. Y no solamente esto sino que me retrae hasta de tratar con quien hace conmigo las veces de Dios, de tal ma• nera que me obliga a proponer no escribirle sino de tarde. en tarde y poco, lo menos posible. Y muchas veces he resuelto hacerlo así. En virtud de estos sentimientos y de mi deseo de vivir sola, solí– sima, con Dios, repetidas veces he intentado lo siguiente: r.º, rele– gar al olvido a todas las criaturas, encomendándolas a Dios de una vez para siempre; y esto lo veo fácil de conseguir; 2. 0 , agregar a esto un encomendar muy de veras a V. R. a Dios Nuestro Señor y hacer un coi:ivenio con :E:l para que en ~ocios los actos que yo realizo en su obsequio le considere y mire siempre en mí ; y hecho esto, en adelan– te en mi ¡,rato y comunicación con Dios prescindir de V. R. para vivir sola, solísima, en Dios y con Dios, como deseo. El día 14 empecé a comunicar con Dios yo sola en la forma indi– cktda, sin querer ~ver a nadie más que a Él y su Santísima Madre, de quien no puedo prescindir. Y al reiterar mi total entrega a Dios, vi que su Divina Majestad miraba mi ser consagrado a Él en esta forma como una ofrenda incompleta, cual si queriendo que le entregase todo mi ser, me reservase el corazón, y por con.siguiente que no le com– placía. En vista de esto todas las veces que me entregué a Dios, ideal– mente o no sé de qué manera entregué también conmigo a su Majes– tad la persona de V. R. Pero pareciéndome que este ver a Dios recibir a disgusto mi ofrenda, sería efecto de mi costumbre o alguna aprehen– sión mía, porfié en hacer lo mismo por espacio de dos días, hasta que viendo. que el Señor no quería cambiar de conducta ni condescender conmigo en este empeño de vivir sola con Él, prescindiendo de mi Padre Espiritual, único que me faltaba relegar al olvido, antes bien que cada vez me unía más a V. R., haciéndome ver en su ser divino cual si fuera una misma· cosa con Él y estuviera animado de los mis-
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