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CARTA XV, 29 OCTUBRE 1910 139 ninguno de los favores divinos que yo le he referido y referiré tal vez en adelante sin darme cuenta ; pues como escribo lo que pienso y siento sin reflexionar sobre ello ni pedir consejo a Dios (porque me parece debo hacerlo así a fin de que hablando yo me vea en mí y no a Dios, y me conozca quién soy y en que estado estoy, etc., etc.), mu– chas veces escúbo lo que no quiero o no pensaba escribir. Con que así no haga caso de lo que yo le digo, pues ya sabe que soy muy men– tirosa y que en mí no existe el espíritu de verdad. El día 16 del actual sentí un deseo muy grande de pedir a V. R. el relato o confesión por escrito para quitar de él todo lo que me molesta y estorba, y darle una nota de mis pecados y miserias desnudas, y nada más. Sentí también una repugnancia muy ·grande a comunicar nada fuera de pecados, y otra no menor a que V. R. vea mis escritos, cuya sola idea me causa vergüenza y rubor. Desde este día vengo sintiendo una lucha entre un deseo y un temor, que no me atrevo a· manifest0,rle no sea que después cometa un pecado mayor si llego a realizar lo que deseo. i Ay Dios mío ! j Por qué m·e habré metido yo en estas honduras y no habré sido otra Sor Isidora "(r), poniendo en ejecución el deseo que tuve de recién profesa de fingirme boba o loca para vivir a mi aire sin que hiciese nadie caso de mí l El día que recibí su penúltima del 23 por la noche se me fijó en el pensamiento que no había entendido bien .lo que V. R. me quería decir en aquella frase : « Voy a prender fuego a la paja para con ella 1 quemar, etc.>> Estaba en oración y pregunté al. Señor: «¿ Qué me quiere decir mi Padre con esto?» Al leer la carta había entendido yo que me decía que pensaba hacer desaparecer de mí hasta la memoria de los favores recibidos, esto es, todo lo que pertenece al pasado ; de lo que me alegré mucho, pues deseo vivamente dejarlo todo sepul– tado en un profundo olvido para en ade1ante servir a Dios en pura fe, como V. R. me indica, y no pensar en nada más. A mi pregunta me pareció que Dios Nuestro Señor mediante una simple insinuación me respondía lo siguiente: «Prender fuego .ª la paja para quemar con (r) El P. Juan Eusebio Niere.mbercr (Dife'Yencia entre lo temporal y etemo, lib. V, c. VII, p. 567-570, Madrid, r9r r~ refiere la ex:traña historia de una monja del monasterio de Tabena, a orillas del Nilo, llamada Isidora, la cual por amor de Jesucristo quiso vivir-y de hecho vivió por muchos años-como tonta y mentecata, despreciada por sus hermanas de hábito, bien que Iuego Dios, por modo maravilloso., descubriera la auténtica y verdadera santidad de la misma. ITINERARIO MISTICO 11
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