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CARTA XIV, 25 OCTUBRE 1910 131 Como así sucedió. Lo que me habló, insinuó, prometió, mandó y dió a entender Dios Espíritu Santo y continúa haciéndolo en dicha carta no puedo yo fáciln1ente explicar ni cabe en una carta, como Jesús en la segunda. ' De lo dicho puede inferir el efecto que me habrá causado ver lo• que V. R. me indica en las dos i'.t!timas cartas que ha tenido la bon– dad de dirigirme,. respecto de sus deseos de que le encomiende al Espíritu Santo, y lo que pediré a esta Divina Persona, que desde las palabras «Voy a satisfac,er tus santos deseos»-primeras de su primera carta-hasta la última cláusula, me ha hecho ver ser su con– tenido todo suyo, incluso el «Dios me manda que vaya a tu cora– zón», etc., etc. Muchas cosas tenía que decirle, pero no puedo. 3.-lVIe ha afligido mucho ver en su carta la frase: <CEste tu her– mano». Algo más que eso veo yo, Padre mío, en V.; así que no puedo sufrir que me hable así. También me atlige cuando al final de la carta veo: «Tu affmo. hnü.>); pues no me gusta que ponga más que Padre, pues así lo es, aunque yo no lo merezca. Lo propio digo del encabezamiento de la carta: cR; Madre», etc. Nb lo puedo ver en las cartas de V. R., y le ruego encarecidamnte 1Jo lo vuelva· a poner más. No sé si escribiré al P. N ., pero si le escribo cuente que no lo haré sin que V. R. vea la carta, pues no puedo (r). s·uya en Jesús, Sor Angeles. (1) He aquí cuanto, a propósito ele la consulta ele si escribiría o no al P. N., le decía el P. Mariano (23 octubre) : "Puedes .con santa libertad escribir al. Padre citado, si esa te parece ser la voluntad de Dios; pero ,no juzgo prudente me remitas .Ja carta ; tü debes •conservar y tener una santa libertad para tratar (ahora y siempre) ]os asuntos de tu alma con quienes lo estimes convenienten.
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