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OTRA VEZ LA JUSTICIA "Dichosos los perseguidos por causa de la ;usticia, porque de ellos es el Reino de los cielos. Dichosos vosotros cuando os insulten y os persigan, y os ca– lumnien de cualquier modo por mi causa. Estad alegres y con– tentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo" (Mt 5, 10-12). Sí, otra vez la palabra justicia. Una palabra que a nosotros nos suena mucho. Pero no seríamos fieles si no la interpretáse– mos en su auténtico sentido bíblico. Cuando en la Biblia se habla de justicia se refiere -a no ser que expresamente se diga otra co– sa- a la santidad. Y aquí todo el contexto nos dice que es así. Los santos, los justos, no nacen, sino que se hacen. O mejor dicho, los van haciendo. Son como las piedras aristadas que tira– mos a la corriente del río, y el agua a través de los años, las ali– san. En el río de la vida, consciente o inconscientemente, con nues– tra manera de ser, vamos limando nosotros a los demás. Y otros nos liman a nosotros, para que ellos y nosotros seamos santos. Lo cierto es que el santo tiene que sufrir. Sufrir mucho. Sufrir como el Maestro. Por eso decía santa Teresa: "A tus amigos, Se– ñor, les regalas con sufrimiento, por eso tienes tan pocos amigos" Y Kempis: "Cristo tiene muchos amadores de su Reino, pero po– cos seguidores de su cruz". En esta bienaventuranza, una cosa va con la otra. Quien se decida a seguir a Cristo, ya sabe a qué se expone. Pero si está tan compenetrado con el Maestro, se alegrará, porque "ha sido digno de sufrir algo por el Reino de los cielos". Pues en esta vida el do– lor tiene su final, y las incomprensiones, y las calumnias. Casi siem– pre, a la vera del ataúd es cuando comenzamos a alabar a los di- -456---

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