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424 miso. Mis nenes dormían sobre un jergón en el suelo y yo había puesto alrededor sillas, por que no me los vieran así. Y viene Conchita en éxtasis y entra en las habitaciones de abajo y hace cruces en las camas; y luego sube donde estaban durmiendo unas niñas de estos catalanes y les da el crucifijo a besar. Luego Conchita se iba; pero se para en la escalera y está un poco hablando... , y luego se echa a reír y se da la vuelta y va derecha donde yo tenía escondidos a mis nenes (que yo estaba sudando del apuro que me daba que me los vieran así en el sue– lo); se mete por entre las sillas. y cae de rodillas junto a ellos: está un rato hablando y fue entonces cuando le oyeron decir: "¡Ah! ¿Que éste va a ser sacerdote?"; y les da la cruz a besar a los dos, pero al nene le hace una cruz en los pies, sólo al nene. »Esto se lo dije yo ayer, sábado, a un P. Misionero de Bilbao, que estuvo un rato en mi casa, y él me dijo que la cruz que le hizo al nene en los pies, que tenía mucho de misterio ... 5 Yo no sé cómo él me lo explicó, pero estoy muy contenta. El P. don Luis Retanaga sé que pide por el nene y le ha echado muchas bendiciones; y puede ser que la Virgen le oiga, que el mi nene desde muy chiquitín dice que quiere ser sacerdote. ¡Dios lo quiera!, siendo bueno 6 »Hoy, domingo, cayeron en éxtasis Conchita y Loli, a la salida del rosario, que fue de noche 7 ; anduvieron así un rato. Jacinta y Mari Cruz andaban solas (aparte), que les dio el éxtasis un poco más tarde; y luego se juntaron las cuatro, subieron juntas a los Pinos, y bajaron para atrás (de espalda), y ¡si viera cómo bajaban por lo más malo! Estaba oscurísimo, todos bajábamos malísimamente, y ellas, sin tro– pezar. Anduvieron todo el pueblo para atrás, rezaron dos rosarios; duró mucho. A Mari Cruz anoche le duró muchísimo el éxtasis, dicen que como dos horas y media.» 5 No sabemos la explicación del P. Misionero (seguramente el «claretiano» que dice en sus notas don Valentín, pues los de la congregación fundada por San An– tonio María Claret se llaman oficialmente «Misioneros Hijos del Corazón de Ma– ría»); pero bien pudo ser alrededor de un viejo texto de Isaías (52, 7), repetido luego por Nahúm (2, 1), y aplicado finalmente por San Pablo (Rm. 10, 15) y por la Iglesia a los predicadores del Evangelio, a los misioneros itinerantes: ¡Qué hermosos son sobre los montes los pies de quienes vienen anunciando la paz, trayendo buenas nuevas, proclamando la salvación! ' Es muy comprensible este deseo de una madre cristiana como Maximina; y también su salvedad de «siendo bueno», porque no hay cosa más lamentable que un sacerdote infiel a su vocación. El niño de quien se trata, Pepe Luis, después de comenzar sus estudios de semi– narista junto al P. Retenaga, en Rentería (Guipúzcoa), los ha continuado luego en Comillas (Santander). Cuando sus primeras vacaciones, en la Navidad de 1964, su prima Conchita le escribió una hermosa oración, que tituló «Oración del pequeño seminarista»: creo que traería muchos beneficios para todos el que los menguados alumnos de los seminarios de hoy entraran cordialmente en su letra y en su espíritu. 7 Normalmente, los domingos se rezaba· el rosario del pueblo a distinta hora que los días de labor; si en éstos era al anochecer (cuando la gente volvía de sus la– bores), en aquéllos se tenía a primera hora de la tarde. No fue así el domingo de referencia, y Maximina lo anota en un afán de precisión; tenía buenos motivos para saberlo, pues era ella quien de ordinario dirigía (y aún dirige) el rezo del rosario.
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