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418 «Como en otras ocasiones -continúa su relación el señor Navas-, también este día de sábado, día de la Señora, nada más salir del rosario, en el mismo pórtico de la iglesia, quedaron en éxtasis Conchita y María Dolores. Grande fue mi alegría por esto, pues yo nunca las había visto juntas en éxtasis desde aquel famoso 18 de octubre del año anterior, día del mensaje, aunque en tal ocasión habían estado juntas las cuatro. Salieron cogidas del brazo, como si Mari Loli se dejara llevar dócil– mente por la hermana mayor, obedeciendo las indicaciones de la vi– sión... » Lo que a continuación cuenta el abogado coincide sorprendentemente con lo que escribió don Enrique Valcarce en su informe acerca de lo ocurrido el sábado anterior, de donde podemos deducir que, dentro de la casi .continua variación de los fenómenos (en lo accidental), se daba por estas fechas una cierta uniformidad de procedimiento. De don Valentín, el párroco, tenemos unas notas que, aunque breví– simas, complementan todas éstas de don Luis Navas, ayudándonos a imaginar mejor el ambiente de Garabandal por aquellos primeros días de agosto de 1962: «Día 3. A las cuatro de la mañana se puso en éxtasis Loli, en su casa; había mucha gente: de Barcelona, de Madrid, de Santander... ; un sacerdote, un claretiano y un jesuita. Dio a besar los objetos a la visión y después se los iba poniendo a sus dueños ... No salió de casa. Día 4. Después del rosario, a las 9,30, se pusieron en éxtasis las cua– tro niñas. Fueron hacia el "cuadro", llegaron después hasta los Pinos rezando el rosario; en las avemarías decían "Santa María, Madre de Dios y Madre nuestra" ... 12 Bajaron de espalda hasta la iglesia; dieron algunas corridas. Duró todo como una hora. Había dos profesores (se– minario) de San Sebastián, un claretiano, un jesuita -el P. Alba, de Barcelona- y don José Ramón.» 13 * * * parte está fechada en San Sebastián, 18 de diciembre de 1962. La segunda, en la misma ciudad el 6 de abril de 1963. Y la tercera, el 9 de septiembre de dicho año. Más de una vez tendremos que recurrir a tal informe en lo que aún nos queda de historia. 12 Parece que a don Valentín le hizo mucho efecto la añadidura esa de «Madre nuestra» en el rezó del avemaría. Y no sólo a él; don Luis Navas, el abogado de Palencia, que estaba presente ese día, como ya queda dicho, escribió: «Nunca las habíamos oído decir así: Madre de Dios y madre nuestra,1por lo que el sacerdote del pueblo tomó nota de este detalle interesantísimo, que tanto refleja el carácter maternal de la Virgen; dicho así por las videntes, con su tono a media voz, suave, delicada, melodiosa, infundía placidez en nuestro ánimo, como si presintiéramos a nuestra excelsa Madre por encima de nuestras cabezas.» Comprendemos la emoción del señor Navas. Pero si aquella nueva forma del «Santa María» era para él de una absoluta novedad, seguramente ya no lo era para don Valentín, a no ser por el tono e insistencia de las niñas, pues el «Madre de Dios y Madre nuestra» parece que se oyó por primera vez en Garabandal el 1 de agosto del año anterior, según ya dijimos en su momento. " Ya sabemos quién era uno de esos dos profesores de San Sebastián; don José Ramón, el cura de Barro (Asturias), nos es de sobra conocido; y en cuanto al jesuita de Barcelona, P. Alba, baste con decir que es un benemérito apóstol, sumamente apreciado en círculos piadosos o espirituales de la Ciudad Condal; ¿quién era en– tonces el claretiano, que dice don Valentín? Seguramente el «P. Misionero» de que habla en una carta Maximina; en algún relato he visto el nombre de P. Ellacuria. Como puede apreciarse, buen plantel de sacerdotes visitantes.
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