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Se fue con prisas a la montaña 417 mente por las cuatro... Lo que me deja más perplejo es el hecho de las corridas alocadas y, al parecer, sin fundamento. »Pero reconozco que me faltan elementos de juicio para tomar una posición definitiva. Sería preciso ir más veGeS al pueblo y observarlo todo más minuciosamente. »Desde luego, si no se encuentra explicación médica para esos fenó– menos, yo resueltamente rechazo como explicación el hablar de una trama urdida, sea por las niñas, sea por terceras personas. Pero no me atrevo a decir que se trate de un fenómeno sobrenatural, debido a la Señora. Entonces, ¿qué es? No lo sé.» Si el ilustre sacerdote de ·Madrid salía de Garabandal sin saber a qué atenerse, sin atreverse a opinar, no pasó lo mismo con dos visitantes que llegab¡m al pueblo precisamente por los días_ en que él marchaba. Hay que consignar sus nombres, porque forman ya parte de esta difícil historia: se trata del doctor don Ricardo Puncernau, conocido neurólogo de Barcelona, y del sacerdote don Luis López Retenaga, prefecto de teólogos en el seminario diocesano de San Sebastián. No he podido precisar: exactamente el día de su llegada; pero cierta– mente estaban en Garabandal a primeros de agosto de este año de 1962; y si para el neurólogo ya no era ésta la primera visita, quizá sí lo era para el sacerdote. El abogado señor Navas salió de Garabandal, según queda dicho, el lunes 23 de julio y no pensaba regresar hasta el sábado día 11 de agosto, para quedarse ya a celebrar allí la fiesta de la Asunción. Pero regresó una semana antes. El lo explica: «Estando con mis cuñados, en Santander, hice prender en ellos, primero, la curiosidad y, luego, el interés por lo de Garabandal, de modo que acordamos volver allá el sábado día 4. »Me produjo gran satisfacción encontrar allá amistades que habían nacido al calor de las apariciones, en clima de fervor y fraternidad cristiana muy similar al que se crea en los Cursillos de Cristiandad. Allí estaba el doctor Puncernau, venido desde Barcelona, esta vez eh compañía de su esposa e hijo mayor. Le destaco entre otros por su con– dición de neurólogo, que ha proporcionado al señor cura párroco un informe completo sobre la incontrastable normalidad de las videntes, antes y después de· los éxtasis. »Se encontraban también allí bastantes sacerdotes y religiosos, entre ellos uno de San Sebastián, que tenía el propósito de informar sobre todas estas cosas al seúor Obispo de st:. diócesis.» Este sacerdote gu ipuzcoano era sin duda don Luis López Retenaga, aunque el don Luis que nos informa no dé, por desconocimiento o por olvido, su nombren; 11 No quiero pasar por alto este aparecer de don Luis López Retenaga en Gara– bandal, porque él iba a asumir un puesto relevante en la observación y enjuicia– miento de aquellos fenómenos; quizá pueda decirse que trató de ser para los hechos de 1962 lo que había sido el P. Ramón María Andreu para los de 1961. . Logró captarse pronto la confianza de las videntes y sus familias, con lo que se aseguró un puesto de privilegio para seguir de cerca los acontecimientos. Fruto de sus observaciones y reflexiones es un largo informe en tres partes, dirigido al entonces obispo de Santander, don Eugenio Beitia Aldazábal. La primera

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