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416 Doctor Gobelas tuve varias veces, me ocurrieron siempre en momentos en que me había desligado de ellas... 7 »La terminación de todo tuvo lugar a las puertas de la iglesia, ce– rrada. Primero, Loli levantó a pulso a Conchita, mayor que ella, y luego Conchita hizo lo mismo con Mari Loli. Después se arrodillaron y súbita– mente recobraron su actitud normal, mirándose con una sonrisa, que luego nos repartieron a todos.» A estas experiencias de la jornada del sábado pudo añadir don Enri– que las del día siguiente, domingo, 29 de julio, que también lo pasó en Garabandal, celebrando, por encargo de don Valentín, la misa del pue– blo, a las nueve de la mañana. Y la «impresión personal» de lo vivido la consignó así en su informe de Comillas: «No me causó buena impresión la rivalidad acusada por Conchita en relación con las otras niñas ... 8 ; tampoco el prefijar la hora de los éxtasis; ni el hecho de aquellas corridas, aparentemente alocadas 9 , ya en torno a la iglesia, ya de los Pinos a la iglesia y de la iglesia a los Pinos o al cementerio, ya por las calles del pueblo, una y otra vez... 10 »Sin embargo, el conjunto de todo esto que he tratado de describir era realmente algo tremendo y sorprendente. Aseguran que no es pro– ducto de enfermedad, ni psíquica, ni orgánica. Puen entonces, me pa– rece que el hecho no tiene natural explicación. »Las niñas ofrecen una expresión de gran atractivo cuando están en éxtasis, una expresión frecuentemente angelical (por ejemplo, en el caso de Mari Loli)... ; pero en estado normal son más bien retraídas, muy remisas en palabras ... »Los reparos que he puesto antes, no conviene desorbitarlos; ese mismo hecho de la rivalidad que creía descubrir entre Conchita y las demás es buena prueba de que no se trata de una trama urdida conjunta- 7 Conviene advertir que don Enrique Valcarce tenía ya sus años y que ni estaba falto de kilos ni precisamente en forma para una carrera de obstáculos... Sólo asido a las niñas se sentía él extrañamente ligero. -¡Por Dios, señor Cural -le dijo alguien-. Suéltese, que se va a matar por esos caminos y a esas velocidades. -No tenga cuidado -replicó él-; me siento como si me hubieran quitado cua– renta años de encima. ' Cuenta don Enrique en su informe: «Tuve la fortuna de que las primeras per– sonas con quienes me encontré fueran las presuntas videntes. Acababa de oír que aquel día, sábado, 28 de julio, había recibido Mari Loli la comunión de manos del ángel, y solamente ella. Al encontrarme, pues, con Conchita, pronto le dije que ya sabía que Mari Loli había recibido la comunión... Me replicó en seguida con cierto aire de reconvención : Yo también, yo la recibo muchas más veces que nin– guna; yo, casi todos los días; ellas, muy pocas veces ... » Si el informe de don Enrique reproduce fielmente el tono v las palabras de Conchita, hay que reconocer que la niña estaba aún tan lejos de la perfección como los discípulos de Jesús que todavía en la Ultima Cena andaban disputando sobre a quién de ellos correspondía ser el mayor (Le. 22, 24). 9 A la hora de hacer el informe, en frío, le parecían así a don Enrique; pero ya queda apuntado cómo él tenía otros sentimientos cuando iba en el vuelo de las mismas. 'º No sería difícil hacer observaciones a estas y otras dificultades de don En– rique, bien explicables en quien sólo tenía una brevísima experiencia de Garaban– dal. Los que me hayan seguido atentamente desde el comienzo podrán seguramente ver más claro en todos esos puntos para él oscuros.

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