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Se fue con prisas a la montaña 415 fuera: si tanto había contado él en tiempos en que las galopadas y mandobles servían para algo, más podía contar a la hora de hacer frente a unos enemigos que manejan armas más a su medida de Apóstol «Hijo del Trueno» 4 • Visitantes cualificadQs Tres días más tarde, el sábado día 28, llegaba por primera vez a Garabandal un ilustre sacerdote de Madrid 5 : don Enrique Valcarce Alfayate. Dejó constancia de sus impresiones en un informe que escri– bió luego en Comillas y que lleva la fecha de ~O de julio de 1962. Su más interesante experiencia, la participaci9n en una marcha extá– tica de las niñas, la cuenta así él: «Después del rosario, yo me quedé rezando unos ¡momentos en la iglesia.. . Súbitamente entra el doctor Ortiz y me dice que salga, si quiero ver a las niñas en éxtasis. Salí inme– diatamente; pero ellas ya iban caminando, con la gente detrás. Me abrieron paso y logré unirme a Mari Loli y Conchita, que marchaban juntas, cogidas del brazo (luego me di cuenta de que las otras dos, Jacinta y Mari Cruz, iban de la misma forma con otro grupo y por distinto camino) 6 »El fenómeno, en conjunto, fue para mí algo tremendo y sorpren– dente. Aquel caminar precipitado por lugares verdaderamente difíciles, casi inaccesibles, sembrados de los peores obstáculos ..., corriendo a veces a velocidades increíbles, como si las niñas tuvieran alas en los pies .. ., lo mismo de frente que de espalda, con la cabeza fuertemente echada hacia atrás, con los ojos sin pestañear y fijos constantemente en la presunta visión .. . »El recorrido se hacía cantando el santo rosario (primero las niñas y luego el pueblo), menos los padrenuestros "::' ciertas jaculatorias, que rezaban las niñas con gran devoción, con mucha pausa y gran sentido; también el canto lo hacían con hermosa entonación, con gran dulzura de voz y mucha armonía. »Este recorrido duró desde las 10,15 de la noche, más o menos, hasta pasadas las 11,30. Durante casi todo el tiempo yo pude ir cogido del brazo, bien de Loli, bien de Conchita; gracias a ir cogido de esta forma, pude seguirlas a pesar de tanto obstác·.llo, corriendo velozmente y con e4traña sensación de seguridad... ; las caídas y los tropiezos, que 'Me. 3, 17. 5 Aunque incardinado desde hacía muchos años en la diócesis de Madrid, Y con importantes cargos o funciones en ella, dicho sacerdote procedía de la tierra leonesa del Bierzo, y allí tenía de párroco un hermano, er. la iglesia madre de Ponfe– rrada: Ntra. Sra. de la Encina. 6 ·En carta del 2 de agosto decía Maximina a la familia Pifarré: «El sábado (28 de julio) fue de una emoción grandísima. Había muchc. gente, y tuvieron aparición las cuatro. Andaban separadas, de dos en dos; como había tantísima gente, estuvo mejor así: unos a un lado y otros a otro. «Las cuatro cantaban ·el rosario a una, por distintos lugares. Cuando nosotras estábamos con Loli y Conchita en los Pinos, se oía perfectamente c_antar a !_os que iban con las otras dos por el pueblo: todos cantando a la vez, arnba Y aba]?– Miren : hacía una sensación maravillosa. Pai:eée que estoy viendo al doctor Ort1z cantando con todas sus fuerzas. Bueno, todos cantábamos lo que podíamos.»

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