BCCCAP00000000000000000000758
414 »Un día, las rnnas, hablando sobre los pecados que más ofenden a Dios, colocaron en segundo lugar los que se cometen en el matrimonio; emplearon unas palabras cuyo significado estoy seguro que escapaba a sus rudimentarios conocimientos.» Aquel lunes, 23 de julio, don Luis Navas se despedía de Garabandal. El resultado de su estancia lo expresa él de este modo: «Tonificado por aires puros, tanto espirituales como materiales, mis continuas medita– ciones me llevaron a aceptar con alegría interna las contrariedades de la vida, e incluso a mirar sin demasiado temor la muerte, que al fin y al cabo no es más que una frontera ... He sentido un vivo deseo -y lo he pedido mucho a la Madre de Dios y Madre nuestra- de ser bueno de verdad, no a medias, corrigiendo, por ejemplo, mi brusquedad, mi terquedad, mi obstinación, que se da en mí al lado de una franqueza a veces excesiva, origen de no pocos disgustos y sinsabores; tratando de defender la verdad, no siempre he servido a la caridad; y debo estar convencido de que, si la caridad es darse, la santidad está en vencerse.» ¡Sería magnífico que todas las visitas a Garabandal produjesen los mismos efectos! * * * El miércoles siguiente, 25 de julio, toda España se metía en una gran fiesta: la de su patrono y padre en la fe, el Apóstol Santiago. Era la segunda vez que se daba tal fiesta en el Garabandal de las «apariciones». ¿No era acaso una fecha muy indicada para que ocurriera algo? Rebuscando en la embrollada multitud de referencias y testimonios que andan por ahí, me he encontrado con este apunte de doña María Herrero de Gallardo, que recoge lo oído a don Valentín Marichalar meses más tarde: «-Ya ve, señora, a veces le cuento a usted cosas que no cuento a nadie, porque sé que usted las recibe bien y piensa en ellas, mientras que otros muchos las encontrarían ridículas. »Me acuerdo, por ejemplo, del día del Apóstol Santiago. Era ya casi medianoche y una veintena de personas asistían a un éxtasis de las niñas ... Yo contemplaba a veces el cielo, un hermoso cielo de verano, brillante de estrellas, con alguna que otra nubecilla blanca que atrave– saba la atmósfera. De pronto - ¡yo lo vi con estos ojos!, y también lo· vieron las personas que digo- apareció nuestro santo patrón Santiago, sobre hermoso caballo blanco, tal como nos lo muestra la tradición histórica española; por unos minutos pareció hacer la ruta celeste, desapareciendo a veces detrás de alguna nube y volviendo a apareser de nuevo... Era de verdad admirable.» Yo no encuentro dificultad mayor en admitir que lo fue. Y califi– caría, además, de oportunísima una nueva presencia del «Defensor al– mae Hispaniae», cuando de nuevo llegaba para su gente la hora de las grandes batallas de la fe, con muchos enemigos por dentro y por dogma cristiano del pecado original... Y dicho asalto no ha cejado, a pesar de las rotundas palabras de Pablo VI, proclamando de nuevo en su Credo del Pueblo de Dios -29 de junio de 1968- lo que siempre ha creído la Iglesia católica romana.
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz