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Se fue con prisas a la ·mo"ltaña 413 La multitud de favores sobrenaturales que las videntes de Garaban– dal estaban recibiendo del cielo, no cambiaba sustancialmente su reali~ dad de creaturas humanas, con una naturaleza en desorden, fuertemente influenciada por esa: serie de malas inclinaciones que llamamos «peca– dos o vicios capitales». Dichos favores debfan empujarlas a la lucha moral contra tales inclinaciones; pero no las libraban de ellas ... y brotes de las mismas habrían de aparecer inexorablemente en más de una ocasión. No debemos, pues, extrañarnos de que un cierto sentimiento de ~nvidia se manifestara con motivo de aquella tan señalada distinción que Conchita había tenido el 18 de julio. Y, para ponerlo peor, estaban las rivalida::les aldeanas de las fami– lias y los comentarios maliciosos de los vecinos. Del lunes, día 23, escribe don Luis Navas: «Sobre las diez de la ma– ñana me senté a la puerta de la casa de Maria Dolores y ésta me dijo que, junto a la puerta de la iglesia e inmediatamente después de la visita que había hecho después de su rosario matinal, ella había reci– bido la comunión de manos del ángel. Esto yo no lo esperaba, pues hacía tiempo que sólo Conchita recibía la comunión así. .. También me dijo que había preguntado al ángel por el motivo de no haberles dado la comunión también a ellas el día 18, pues la gente del pueblo comen– taba que seguramente había sido por ser malas, contestándole el ángel que no. »Me llamó la atención que, llegando en ac;,uellos momentos Jacinta, y al comunicarle Mari Loli lo de su comuni:>n, Jacinta no contestase siquiera y siguiera al interior de la tienda e::i busca del pan, dejando desairada a su mejor amiga.» ¿No sería tal vez -nos preguntamos nosotros- que Jacintá sintió un primer movimiento de fastidio al ver que ahora era otra la que recibía una «distinción»? La gracia no destruye la naturaleza (aunque ayude a reformarla), y la naturaleza de una mu– jer, aunque sea una pequeña mujer... De las cosas que a continuación escribe el señor Navas Carrillo, sólo recogemos éstas, que nos parecen de mayor interés: «He observado que la contemplación de los éxtasis de las niñas produce distintos efectos en las personas: mientras a unas las enfer– voriza, a otras casi las escandaliza, confirmándolas en su incredulidad 2 • »Me he informado de otro detalle muy sifnificativo, ocurrido algún tiempo atrás. Acababa de nacerle a Loli un ::mevo hermanito; al lado de él cayó un día en ·éxtasis y se la oyó hablar de él, manifestando en un lugar dado su gran asombro: "¿Cómo? .¿Tan pequeñito y ya en pe– cado mortal?" No le dio a besar el crucifijo hasta que el niño fue bautizado 3 • 2 ¿Tendrá esto que ver con lo que se anunció a propósito de Jesús? «Puesto está este niño -dijo el anciano Simeón a María cuando la Presentación en el Templo– para caída de unos y resurgimiento de otros en Israel; será como una señal de contradicción, para que se hagan patentes las intenciones de muchos» (Le. 2, 34-35). 3 Una vez más Garabandal venía adelantando «réolicas» a,'.ciertas desviaciones, que pronto . iban a mostrarse ·abiertamente en la Iglesia. Y nadie ignora hoy, pocos años más tarde del éxtasis de Loli, lo que entonces sólo podían entrever los más entendidos : el asalto de cierta «nueva teología» al viejo

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