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412 Doctor Gabelas Durante la jornada dominical del día 22, don Luis Navas tuvo oca– sión de estar holgadamente con las cuatro niñas, hablándoles y escu– chándolas ... «Fueron ellas las que sacaron a relucir lo del "milagro" del día 18. Comprobé que alguna de ellas, qoncretamente Jacinta, aún no había hablado de aquello con su compañera Conchita. Y quedé sorprendido de la actitud que entonces adoptó. Jacinta, niña tímida, se mostraba de pronto dura, llevando siempre la iniciativa y vertiendo en su hablar una serie de juicios u opiniones que seguramente eran los que habían empezado a circular por el pueblo ... Así llegó a mi conoci– miento algo de lo que esta gente piensa y que suelen cuidarse de decir en presencia de forasteros ... Cuando Jacinta iba diciendo los comenta– rios que corrían por el pueblo en relación con la discutida comunión del ángel, me daba la impresión de que ella se identificaba con aquellos dichos, o, por lo menos, los admitía en parte, pues ponía en tono muy personal en lo que hablaba... Loli apenas despegó los labios; Mari Cruz se encerró en el silencio que en ella es habitual; y Conchita se limitaba a sonreír ante aquellos disparates , que reflejaban el carácter malévolo e irónico de gentes ignorantes, muy inclinadas a la desconfianza... , y eso que algunos del pueblo han podido presenciar de cerca, sin dejar lugar a dudas, la citada comunión... »Me apenaba que existieran y salieran así a la superficie las grietas abiertas en la amistad entre las familias de las videntes, y que hacían también efecto en las mismas niñas. Más de una vez dije en aquellas casas que la Virgen quería a las cuatro juntas y que no las podían separar. .. Habían humanizado el reino de lo sobrenatural, que surge de las apariciones con pruebas y signos cada día más evidentes. Me hicieron recordar la escena del Evangelio en que la madre de los hijos de Zebedeo pide a Cristo que sean precisamente para ellos los dos primeros puestos en su obra.. . También aquí se afana cada familia por hacer resaltar a su hija, como distinguida por señales especiales, en prueba de la predilección de la visión y de las gentes por ella... Acaso Jacinta estuviera algo molesta por la distinción que suponía para Conchita, si lo miramos con los ojos de la carne y no con · los del espíritu o la fe, el hecho de la comunión milagrosa.» Don Luis Navas- puso fin a aquel diálogo, «caracterizado -dice él– por una vehemencia que me resultaba extraña en Jacinta», con unas palabras conciliadoras y de muy buen sentido cristiano... El episodio resulta de veras interesante, no sólo por revelarnos el ambiente que había en el pueblo después de una fecha memorable, sino porque nos ilustra una vez más sobre la coexistencia de los más gran– des dones divinos con muy bajas miserias humanas. Estas tienen que desagradarle a Dios; pero El tiene infinita paciencia para esperar a que las almas las vayan superando. »Pensé si sería verdad que la Madre del Cielo velaba y protegía con los brazos extendidos a los habitantes y transeúntes de Garabandal... »Paseando por las callejas oscuras y solitarias del pueblo, yo también tenía esta sensación de protección. »Con la cantidad y cantidad de gente que ha subido a Garabandal, nunca ha ocurrido, que yo sepa, ningún accidente desagradable.»

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