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Se fue con prisas a la montaña 411 por algunos sobre el motivo de recibir ella dicha comunión con mucha más frecuencia que las otras, contestó: "Es que soy la peor de todas". Me dijeron que esta respuesta se la había dado el ángel cuando la niña insistía en saber la razón de aquella diferencia... »El día 21, sábado, cuando apenas llevaba durmiendo una hora, me despertó de nuevo el padre de Jacinta con unos golpecitos en la ven– tana de mi habitac~ón: iban a ser las seis y la niña subía ya para el "cuadro", a rezar el acostumbrado rosario de la aurora. También nos– otros fuimos para allá, acompañados de una viejecita. Encontramos a Jacinta sentada: había colocado un papel encima de la piedra para evitar la humedad de la lluvia, que había caído en escasa cantidad. »C1,1ando terminamos el rosario, y como el día anterior, nos dirigi– mos a la iglesia, en cuyo pórtico rezamos la visita a Jesús Sacramen– tado.. .» La jornada transcurrió sin episodios de relieve, hasta las once de la noche, en que ocur::-ió el primer éxtasis. Fue de Loli, en la cocina de su casa. De él dice nuestro abogado palentino: «Fue algo maravilloso; no podía imaginarse nada comparable. El silencio era absoluto y la atención completa. La niña ofreció a la visión cuanto se hallaba dis– puesto sobre la mesa para ese fin. Yo había puesto una colección de estampas, compradas en Cabezón de la Sal, y cuyo tema era los títulos de la letanía; con mayor .habilidad que un jugador de cartas, la niña abrió las estampas en abanico y se las presentó así, muy graciosamente, a besar a la visión.. Se hallaba del todo transfigurada: su rostro era radiante y lleno de luz; su expresión no era de ella, sino angelical, parecía como si desprendiera un halo sobrenatural y a todos nos .em– bargaba una sensación de serenidad y de paz, como de estar cabe el regazo de la Madre y Señora... » Del éxtasis de Conchita, que siguió al de Loli, escribe don Luis Na– vas: «Salió de su casa y recorrió distintas calles del pueblo; dio una vuelta completa alrededor de la iglesia; fue al cementerio y estuvo arrodillada a su puerta; subimos con ella al "cuadro" y de allí bajó de espaldas en mara·;illosa danza extática; se rezó el rosario y después cantamos la salve : la voz de la vidente no parecía de este mundo.. . Aún hubo otros recorridos por el pueblo. »La expresión _de la niña estuvo definida constantemente por una inefable sonrisa, bien lejos del tono casi irónico que tantas veces adopta fuera del éxtasis ... Cuando, ya hacia el final, se puso a devolver cadenas y medallas, comprobó que se le había caído una medalla; preguntó a la visión y quedó muy extrañada de su respuesta, pues se la oyó decir: "Pero, ¿cómo voy a -perderla cerca de la iglesia, si no he salido de casa?" También se extrañó ::nucho, después del éxtasis, de vernos a todos sudan– do ... cuando ella no tenía síntoma alguno de excitación o fatiga, ¡y había durado la cosa hasta las cuatro y media de la mañana! Nos acostamos contentos, porque la Virgen nos había deparado una noche, para mí, más feliz y rica de vida interior que la misma del día 18.» 1 ' De otra noche de Garabandal escribe el doctor Puncernau en la página 9 del opúsculo citado: «Salí a las callejas. 3acía una noche fría y estrellada. Los luceros brillaban, para un barcelonés, con un fulgor inusitado.

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