BCCCAP00000000000000000000758

410 pasados en Garabandal y me dio la impresión de que su catolicismo era genuino, auténtico, ejemplar. »De los muchísimos forasteros que habían llegado para el día 18, pocos quedaban ya en el pueblo: dos chicos de Reinosa, que hacían "camping" cerca de la casa de Conchita, el catedrático de Cádiz don Miguel Martínez del Cerro, con su esposa y dos hijos, y no sé si al– guien más ... »Durante el viaje a Torrelavega, como es natural, cambiábamos im– presiones sobre todo lo ocurrido. Me preocupaba la fuerte impresión que las apariciones habían causado en mi madre y traté de convencerla para que no pusiera demasiado énfasis y calor en defender su credibi– lidad... Con todo, yo sentía alegría al verla tan completamente emocio– nada, recordando las muchas cosas que habían dejado huella en su corazón, un viejo corazón de setenta años, pero que conservaba toda su sensibilidad; al oírla, se asomaban las lágrimas a nuestros ojos, por– que hablaba con lenguaje adecuado de todo lo visto y oído. Y a quien vive y siente lo que dice, ¿quién se le puede resistir? »En Torrelavega, en el "Hostal Gloria", me esperaba el padre de Loli; habíamos quedado en comer y volver juntos. Allí coincidimos con el señor cura párroco, don Valentín, que iba a Santander, a dar cuenta al señor Obispo de todo lo ocurrido el día anterior. »Regresamos al atardecer, con tiempo suficiente para asistir a la primera aparición, única de ese día, que fue precisamente la de su hija... Nos tuvo en vela hasta más de las cuatro y media de la· madru- gada... Y a las seis, cuando yo apenas acababa de conciliar el sueño, me llamó el padre de Jacinta para ir a rezar el rosario a la Calleja. La niña esperaba allí, sentada sobre las piedras. Lo rezamos en soledad y silencio..., y luego fuimos a la iglesia: ante sus puertas todavía cerradas hicimos el rezo de una visita a Jesús Sacramentado. Entonces com– prendí el sacrificio que suponía para una niña como Jacinta el levan– tarse todos los días a las seis de la mañana, para ir hasta "el cuadro" y rezar allí el primer rosario del día; si en un principio esto había sido un mandato de la Virgen, hacía meses que había dejado de serlo y, sin embargo, la niña seguía acudiendo, sólo -por complacer a la azulada y blanca Señora.» De las varias cosas que el -señor Navas recogió en sus notas del día 20, viernes, no quiero silenciar éstas: «Después de comer, para estar preparado a lo que pudiera traernos la noche, dormí una buena siesta (había ya cambiado las horas de sueño con la facilidad de los niños). La habitación en que descansaba tenía semejanza con un sótano; era fresca y no había moscas, que tanto abundan en el pueblo, a causa del ganado; me daba la sensación de hallarme en una catacumba, en ambiente de gran recogimiento y fervor, digno de unos ejercicios espirituales, con una alegría interior y una paz similares a las que proporciona un cursillo de cristiandad... , bajo la mirada cariñosa y directa de la "Reina y Señora de cielos y tierra", según el título que le dan a veces en sus éxtasis las niñas videntes ... »Durante el día, comentando con algunas personas su fallida espe– ranza de recibir aquel día la comunión por mano del ángel, Conchita había dicho: "¡Qué pena que el ángel no haya venido!"; y preguntada

RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz