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406 Odriozola le había manifestado: «El milagro de la forma fue puro fraude. Conchita salió de su casa llevando ya sobre la lengua un pedazo de pan que había preparado.» La niña, muy dolida, escribió entonces una carta para el reverendo y se la confió al mismo señor francés 67 para que la entregara personal– mente. «El francés me ha dicho que usted piensa que yo puse sobre mi lengua una forma y que luego he caído de rodillas y he sacado la lengua para mostrar la forma, y que antes estuve yo sola en mi habitación... Yo fui a cambiarme de falda y estaban allí presentes, en todo lo que yo estuve arriba, mi mamá, mis dos hermanos, una prima, un tío y una de Foritaneda; y estaría arriba un cuarto de hora, y se me apareció el ángel, y después salí a la calle con mucha gente y sacerdotes. ¡Y no es cierto que yo puse sobre mi lengua una forma! ¡Qué responsabilidad para mí delante de Dios! ¿No le parece que yo ya tengo algo de cono– cimiento para pensar en eso? Y, además, podía pensar que la gente me lo notaría, y yo no sería tan inteligente para hacer (con éxito) una cosa así. Así que el ángel San Miguel es el que me puso sobre mi lengua una forma visible para la gente; y yo ese día no he fingido el éxtasis tam– poco... » 68 * * * Evidentemente, el 18 de julio de 1962, en Garabandal, al modo de tantos hechos o realidades de la Historia de la Salud, quedó pronto convertido en «signo de contradicción» (Le. 2, 34 ). Para unos supuso algo decisivo a favor. Para otros... Don José Ramón García de la Riva condensa así en sus memorias la impresión que le quedó de la jornada: «Ninguno de la Comisión se per– sonó en el lugar del suceso, sino sólo un "delegado", que no vio nada. No pudo, por la aglomeración de las gentes. Y esto no tiene nada de particular, porque, en definitiva, sólo Dios puede poner condiciones, y las que puso no fueron cumplidas por los verdaderamente llamados. Los que debían estar presentes, no estuvieron. A partir de este hecho, se fue ·sembrando la especie de que todo había sido un fraude.» Uno no puede evitar aquí que le suene como un lejano ·eco de cierta historia que pasó hace ya demasiado tiempo: «Algunos de la guardia 67 Maximina González, en carta del 10 de mayo de 1963 a la familia Pifarre, escribe: «Ahora tuve en casa seis días a un francés; es un señor muy bueno, ya ha venido varias veces, está muy interesado en esto de las apariciones. Al venir para aquí estuvo hablando con uno de la Comisión de Santander, me parece que el que hace de secretario...; y a este señor, que se llama don Francisco Odriozola, le mandó Conchita la siguiente carta.. .» La copia que da Maximina coincide exactamente con el texto que damos en este libro. " Con este «tampoco» Conchita alude seguramente al hecho, ya sabido y por ella confesado, de que alguna vez tuvieron las niñas la ligereza de fingir una si– tuación de éxtasis. Véase el capítulo de la primera parte, «El primer invierno de Garabandal».
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