BCCCAP00000000000000000000758
Se fue con prisas a la montaña 405 De nada sirviero::1 los testimonios a favor que pudieron recogerse de bastantes personas que ,do habían visto todo». El doctor Ortiz tiene apuntados los nombres y direcciones de unos veintiséis testigos y, según parece, don Valentín tomó declaración a algunos más. «Todos coincidían -escribe en sus notas el doctor Ortiz– en que la forma era de una blancura excepcional..., y algunos añadían que parecía algo más gruesa de lo normal. Los que vieron el hecho desde ·el principio, se expresaban así: "Fue como si, de repente, brotara la forma en su lengua" ... Decían también que al milagro no siguió nin– guna exclamación ni grito, sino tan sólo unos minutos de silencio ..., hasta que la niña, todavía en éxtasis, marchó del lugar.» De nada sirvió e;_ ue se demostrase lo infundado de las sospechas so– bre el tío Elías: Los de Garabandal nunca tomaron en serio la cosa, porque sabían cómo era aquel horr.:.bre: el menos indicado para una cosa así. Sin em– bargo, Plácido Ruiloba, para disipar mejor toda duda, le sometió poco después a una especie de interrogatorio, que está recogido en cinta magnetofónica (la cosa tuvo lugar en Santander, en casa de una señora oriunda de Garabandal) ... Quien escuche o lea ese diálogo entre el señor de la capital y el rué.o hombre de pueblo, verá toda la inconsistencia de las acusaciones o sospechas que cayeron sobre este último. No es de extrañar que el hombre, harto ya, replique a cierta indicación del señor Ruiloba: «Lo primero que había que hacerles (a los padres o curas que habían hablado así de él) ,era quitarles la sotana.» ¿Quién le hubiera dicho entonces al tío Elías que muy pocos años más tarde su fuerte expresión ya no ten:iría sentido? Pese a todo y a muchos, fiándose plenamente de algunos (ya que ella no cumplió co::1 su deber de observarlo en forma directa), la Co– misión ha seguido ::>pinando que de milagro, el 18 de julio de 1962, no hubo nada. Algún tiempo después de esa fecha, uno de los que habían estado en Garabandal se enco:itró casualmente en Santander con don Francisco Odriozola; le habló de lo mucho que le había extrañado que él no hubiese acudido a presenciar algo tan importante. .. El interpelado, «factotum» de la Comisión, le replicó que había hecho bien en no ir, puesto que sólo se trataba de un fraude: la vidente había aprovechado el pretexto de cam·:>iarse de falda o de vestido para meterse unas hos– tias en la boca y lLego había hecho la comedia del milagro... ~Pero, ¿cómo pv1.ede usted afirmar así tal cosa, si no estuvo presente? -exclamó asombrado su interlocutor. Por toda respuesta, el señor Odriozola dio media vuelta y se largó 66 • Pasó el tiempo; pero él no cambió de opinión. En los primeros días de mayo de 1963 subió a Garabandal el señor Frarn;ois Henri. Dijo ser empleado de correos y residente en París; creía en espiritism:: y fuerzas ocultas ... Ya había subido alguna otra vez en compañía de: doctor Caux. Le dijo a Conchita que en Santander había estado hablc.ndo con los de la Comisión y que don Francisco 66 Anécdota recogida por A. Corteville en «L'Imparcial», núm. 30, septiembre– octubre 1970.
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz