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Se fue con prisas a la montaña 403 nada) .. . Le voy a decir algo grande: lo que yo vi, o de lo que tuve tre– menda impresión, fi.e de encontrarme con Dios Vivo y Verdadero. Por eso, aquello no lo CG.mbiaría por nada en el mundo. Por eso, si Dios quiere que vea el mJagro que se anuncia, me encantaría; pero si no es así, ¿qué quiere que le diga?, veo difícil que ya nada en el mundo pueda producirme una impresión como ésa que tuve de «verle a El» en aquel solemne y grandioso momento de mi vida. DR. CAux.-No sabe usted cuán feliz me hace, por un lado, y cuán desgraciado, por otro. ¡Yo sentí lo mismo que usted, pero al revés! Fíjese bien: yo llevaba todo preparado para filmar la cosa, lo tenía todo a punto como nunca. .. y todo se me puso mal y no pude filmar nada. Sólo en el último instante, en la última fracción de segundo; alcancé a ver la hostia, que ya desaparecía, tragada por la niña. En ese momento, ·¡tuve la iopresión de un dolor espantoso, horrible, que me ahogaba! El dolor de un Dios que llegué a entrever, y que se me iba ... En ese momento. sólo pensé ( ¡no lo había pensado antes!) que yo estaba en pecado mortal. Lloré, como usted, ¡pero de dolor! Comprendí lo que era el pecado y el infierno ... Fue inútil que mi mujer tratara de consolarme; ni yo le podía explicar nada, ni ella me hubiera compren– dido. Aquello era alg•:> demasiado grande, en dolor, para compartirlo o para recibir consuelo 65 • Por eso, creo que sólo si Dios me permite ver el Milagro (ahora que procuro estar siempre en su gracia), se me quitará del todo ese dolor tan hondo que creí me iba a matar y que aún sigue punzando mi cora– zón.. . Aquella noche en Garabandal tuve incluso la .impresión de que el pueblo me esquivzba. ¡Cómo si vieran mi pecado! SR. DAMIANS.-Lo comprendo todo, amigo mío. Y tengo que decirle que aquel día, no es que fuese únicamente impresión suya que el pueblo le quería mal: es que. era verdad. El pueblo creyó que usted venía con una mujer que no e:✓;;z su esposa; incluso a mí me rbgaron que viese la manera de echarle de allí... Ahora comprendo por qué Dios no dejó que le echasen. Se quedó usted y tuvo mds dolor del que hubiera podido tener con una violenta expulsión. DR. CAUX.-Tiene usted razón. Pero prefiero de verdad que las cosas ocurrieran así, pues ahora sé lo que es Dios y lo que El quiere de mí, lo que es el infierno de no ver a Dios y cómo ese dolor (daría más que toda mi fortuna para evitarlo) se me alivió en la confesión (y ahora también con la esperanza de ver el Milagro algún día)... Digan lo que digan, y aunque muchos se rían, yo no puedo abandonar el servicio . de esta causa de Garabandal. a la que debo algo tan hondo como desconocido y terriblemente grandioso, que espero se me qujte, o que se me colme, el día del Milagro. La vista del infierno me mueve a tratar -de mover yo mismo al mundo, anunciando lo que ha ocurrido, lo que va a ocurrir, para que se puedan salvar. .. Mi familia fue la primera en creerme loco, 65 Para entender algo, tanto de la alegría del señor Damians como del dolor del doctor Caux, téngase er: cuenta lo que dice la teología católica: -Que el Cielo se constituye sobre todo por el goce de la visión perfecta de Dios, -Y que el Infiernq· está sobre todo en la horrible vivencia de tener a Dios perdido... para siempre.
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