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Se fue con prisas a la montaña 401 algo. Y estaba, además -me di cuenta más tarde- el hecho de una visibilidad totalmente inadecuada, pues tuve que operar a la luz de las linternas. »Cuando llevé el rollo a revelar, me encontré casi con un nuevo «milagro»: en la cinta aparecieron 79 fotogramas filmando la escena. Los empujones del público que me rodeaba hicieron que muchos de esos fotogramas no lograron centrar bien la imagen; pero varios habían captado la imagen con toda exactitud 63 • »No sé qué opinarán muchos de todo esto, ni la decisión que la Iglesia adoptará. Lo único que puedo asegurar yo, y lo hago sin níngún género de dudas, es que el 18 de julio de 1962, en ~an Sebastián de Garabandal, ocurrieron dos milagros: el primero, la comunión de Con– chita, que revistió caracteres sobrenaturales de enormes proporciones; el segundo, más pequeño, la prueba de la infinita condescendencia de la Virgen hacia mí, porque sólo a esa condescendencia debo el haber presenciado tan de cerca el prodigio y que el mismo quedara claramente impresionado en mi película.» ¡Dios está aquí! Vemos, pues, cómo a favor de la autenticidad del milagro del 18 de julio hay terminantes declaraciones de los más inmediatos testigos; pero tales declaraciones no quedan en un categórico afirmar la realidad del hecho, sino que nos dan también unas vivencias interiores que resul– tan del mayor valor para juzgar de su origen. Ahí está lo que ha dicho y sigue diciendo Pepe Díez. Ahí está lo que confiesa sin ningún respeto humano Benjamín Gó– mez: Yo ... ¡es allí donde de verdad he creído en Dios! Ahí está lo que relata don Alejandro Damians: Cuando Conchita se levantó después de haber comulgado y siguió su camino, yo no la seguí. Yo ya tenía bastante. Me aparté a un rincón, y allí me quedé enteramente solo, recostado en la pared, apretando con las pocas fuerzas que me quedaban la máquina de filmar. No sé el tiempo que estuve allí. Cuando la tranquila laxitud fue sucediendo en mis miembros a la rigidez pro– vocada antes por el nerviosismo, me puse a recorrer el pueblo, sin rumbo fijo, a paso lento. Estas palabras dicen mucho, pero no son las únicas que tenemos para asomarnos un poco a la .extraordinaria vivencia interior que tuvo el señor Damians aquella noche inolvidable. Aquella noche, eñ el mismo lugar que él, tan cerca de Conchita como él, más preparado y más dispuesto que él a filmar toda la escena, estaba un señor que había venido para eso desde París. Era el doctor Caux, de gran prestigio profesional, «estheticien» de Birgitte Bardot y otras mujeres famosas 64 • Lo que él «sintió» en Garabandal aquella no– che, en contraste con lo sentido por el señor Damians, lo vamos a ver 63 Algunos de esos fotogramas son ya bien conocidos, por aparecer en diversas publicaciones sobre Garabandal. 64 Tengo la dirección completa de este señor, y hasta su teléfono.

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