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398 caso es que ahora me siento otro... Y este cambio empezó aquí 59 • Porque a mi juicio, aquí han pasado cosas que son divinas, que no son de la tierra». El hombre era natural de la comarca de ,Liébana; pero llevaba años avecindado en Pesués, aguas abajo del Nansa. Pronto, pues, le llegaron noticias de las cosas raras que pasaban en San Sebastián de Garaban– dal. .. Y al fin, un día se decidió a subir. Al principio no llamó con eso la atención: ¡eran .tantos los que subían!; pero no tardó en ser comentada por el pueblo su asiduidad, y le gastaban bromas, y a veces le molesta– ban; hasta el cura, que estaba muy cordialmente contra «los cuentines de Garabandal», se metió repetidamente con él. Lo de Garabandal le atraía, sí, mas no por eso cambió de golpe su frialdad en la práctica religiosa: -« A pesar de lo que iba viendo; yo me echaba para atrás todavía, y no me importaba perder la misa cualquier domingo... Hasta que llegó lo del 18 de julio. Lo recuerdo bien. A partir de las doce de la noche, mucha gente em– pezó a marcharse; yo m~ alegré de que se fueran, porque "cuanto menos bulto, más claridad". Era más adelante de la una, y yo estaba esperando cerca de la casa de Conchita, cuando la muchacha salió; un poco después cayó de rodillas en éxtasis, y yo no pude quedar más cerca de ella, para verlo todo a mi gusto. La muchacha abre la. boca, pero sin prisa (allí no había prisa para nada); abre la boca, digo, y yo me pongo a mirarla con toda detención; cometí así la imprudencia de no dejar ver a otros, lo reconozco, pero yo quería enterarme bien... Yo miré en la boca abierta una y otra vez, ¡unas cuantas!, y ni arriba en el cielo de la boca, ni abajo sobre la lengua, ni por parte alguna se veía nada, ¡allí no había nada de nada! La lengua estuvo así sin nada; y la forma apareció luego de repente ,y estuvo a vista de todos un buen tiempo, el suficiente para que la pudiéramos ver cuantos estábamos allí. Yo la miré bien .. . El color no tiene comparación o parecido con nada; lo más, con la nieve cuando sale el sol, que da un resplandor a la vista que deslumbra, pero no era preci– samente así; era un blanco que yo no he visto nunca nada más blanco... Yo estaba sereno, sin dejar de mirar. Al fin, ella cerró la boca y marchó de allí y siguió en éxtasis. Juro ante Dios y ante todos los santos, que lo que digo es verdad.» La experiencia de don Alejandro Damians (Barcelona), la tenemos contada por él mismo en un escrito. Narra primeramente la extraña peri– pecia del arreglo de su- viaje, que sólo fue decidido a última hora del lunes día 16; en tal peripecia hubo «un detalle que estaba destinado -dice el señor Damians- a ser de la mayor importancia. Antes de mar– char de Barcelona, mi primo me prestó una máquina de filmar de un amigo suyo, dándome sumarias explicaciones de cómo debía usarla, ya que mi desconocimiento en dicha materia era total y absoluto. »Casi todo el día 18 lo pasé por la casa de Conchita, con mi esposa, mi amigo, varios sacerdotes y algunas personas más. " El suceso de la noche del 18 de julio marcó decisivamente a Benjamín. Cómo era antes su vida religiosa puede colegirse por lo que él mismo ha dicho: «Llevaba 23 años sin confesarme... De Dios no me preocupaba, como no fuese para «men– tarlo» (blasfemar)... »

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