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Se fue con prisas a la montaña 395 dírseles era que estuviesen por delante de todos en seguir, observar y estudiar esos mismos sucesos. ¡No ha sido así! El repetido aviso con que Conchita les instó a que estuvieran pre– sentes en Garabandal el día 18 de julio, podía ser o no ser del cielo, pero obligación grave de los citados era no perder aquella ocasión (que bien podía ser de gran importancia) para hacer más luz sobre el complejo asunto que tenían encomendado. En vez de esto, primero se desentien– den, y luego se dedican a recoger datos de algunos testigos, ¡casualmente, según parece, sólo de los que ellos esperaban cualquier aportación des- favorable! · ¿Qué hubiera ocurrido si tales «responsables» de la autoridad dioce– sana llegan a estar en su puesto el día que el cielo (posiblemente) les tenía señalado? Dios puede hacer muy bien las cosas sin los hombres; pero la His– toria de la Salvación nos ilustra sobre cómo se malogran a veces ciertos designios divinos por falta de cooperación humana. No es Dios quien tiene que estar a lo que nosotros -con autoridad o sin ella- nos digne– mos acordar. .. ¡Cuántas veces podría decirnos El: «Puesto que preten• déis llegar a la luz por vuestros caminos, y no por los míos, os quedaréis en vuestras tinieblas»! El 18 de julio de 1962, en que tal vez hubiera podido esclarecerse de– cisivamente el misterio de Garabandal, acabó dejándolo como estaba, o quizá más a oscuras ¿Por culpa de quién? * * * Parece que la Comisión oficial de Santander dudó primero de la rea– lidad del «hecho» mismo de la forma sobre la lengua de Conchita, atri– buyendo a sugestión, alucinación o histeria colectiva lo que algunos decían haber visto... Después, ante pruebas demasiado contundentes, es– pecialmente de placas fotográficas que decían haberse impresionado, se instaló en la hipótesis del «fraude»: Conchita, ayudada por alguien, había montado todo aquello con una gran.. habilidad... En el cuestionario presentado semanas después al P. Etelvino Gonzá– lez, hay un conjunto de preguntas por las que se ve que la Comisión toma en serio las muchas cosas que se dicen sobre unas circunstancias extrañas en torno al «milagro». -«¿Es verdad que Conchita y su prima Luciuca Fernández González no cesaban de reir nerviosas y juguetear con las manos? ¿A eso de las doce de la noche la vio escribir unas le:ras a un tío suyo, llamado Elías González Cuenca? ¿Es verdad que en el dorso del escrito dibujó dos figuras femeninas? ¿Las identificó usted como Luciuca y Conchita? ¿Es verdad que en el dibujo Luciuca llevaba la mano a la boca de Conchita? ¿Es verdad que Conchita esquivaba el ser acompañada de los sacerdotes allí presentes? A eso de la 1,20, ¿le dijo su madre que si por fin se cam– biaba de falda? A raíz de ello, ¿subió Conchita al piso superior? ¿Quiénes estaban allí? ¿Qué finalidad pudo tener esa subida? ¿Cuánto tardó en bajar? Al descender, ¿volvió a entrar en la cocina? ¿Bajaba ya en rapto?
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