BCCCAP00000000000000000000758
Se fue con prisas a la mor.taiia 393 »Durante el éxtasis, la vidente fue dos veces ante la iglesia 52 , rezó el rosario por las calles 53 , visitó el cementerio, y al volver de allí, nada más pasar el arroyuelo, se arrodilló y avanzó en esta posición como unos cincuenta metros; finalmente cantó la salve y fue a concluir la visión donde había comenzado casi dos horas antes, no sin antes haber ofrecido a besar los muchos objetos que se habian depositado sobre la mesa de la cocina.» Fue en ese momento cuando la niña empezó a tener las pruebas de lo que la Virgen le había dicho al presentársele después de la comunión: ¡Todavía no creen todos! Ella estaba... como estaría cualquiera después de un extraordinario favor del cielo. Lo sabemos por testimonios de toda garantía. Pregun– taba la Comisión en su cestionario: -¿Es verdad que Conchita, ya de vuelta en ~u casa, se sonreía, evi- tando las preguntas? ¿Estaba atolondrada? Y contesta el P. Etelvino: -Estaba serena cuando yo la vi ... Hablabc;. con serenidad y gozosa. Entre las personas que se encontraban en la cocina de su casa al final del éxtasis, estaba la señora del doctor Orfo:; le dijeron a la niña: - ¡Qué alegría teridrás, Conchita! Por fin llegó el milagro. -Sí; pero me ha dicho la Virgen que muchos, a pesar de verlo, no creerán ... .Y uno de ellos creo que es Plácido. 52 Don Luis Navas deja consignado, como algo que le llamó particularmente la atención, Jo de «la boca entreabierta de Conchita»; peo no da más detalles. En cambio, hay otros testimonios que hablan de algo n:uy revelador en relación con eso. Don Félix Gallego, médico de Polanco (Santander), ci.:enta córrio él mismo, des– pués del milagro y yendo la niiia hacia la iglesia, vio perfectamente en derredor de su boca entreabierta una aureola de luz.. . Aquella misma noche, ya de · regreso en su casa de Polanco, redactó un informe, que días después entregó a don Valentín, para que lo hiciera llegar, si le parecía conveniente, a su superior jerárquico. Y yo mismo he podido recoger el testimo::iio inequívoco de una seiiora de Ma– drid, María Paloma Fernández-Pacheco de Larrauri. Había llegado al pueblo en la madrugada del día 18, y fue viviendo aquella jornada como tantos otros que espe– raban .. . Cuando Conchita salió al fin extática de su casa, dicha señora, que llevaba tanto tiempo aguardando fuera, no pudo seguirla pc,r el tropel de gente que se echó encima. Resignada y silenciosa, tiró entonces por otra calle, y pausadamente anduvo divagando durante un rato, mientras percibía. sordo y lejano, el ruido de los que iban, sin duda, con la vidente. De pronto, sobre aquel ruido, ya familiar, y sacudiendo el silencio de la noche, oyó una emocicnaja exclamación de mujer: ¡Ay! ¡La lleva en la boca! Echó a correr hacia donde había sonado el .grito y se encontró, a la entrada de la iglesia, con un espectáculo que nunca podrá olvidar. Dentro del pórtico, en medio de la gente, que se había dispuesto en amplio círculo, o más bien rectángulo, se movía extática Conchita; las linternas convergían sobre ella con sus haces de luz, pero imponiéndose a toda a:iuella luz había otra que envolvía la boca de la niña con un extraiio resplandor. Cofia Paloma logró situarse bien en la parte izquierda del pórtico y pudo comprobar perfectamente, durante unos minutos, de frente, tan extraordinario fenómeno. Era -dice ella- como si en el centro de la boca entreabierta, sobre la lengua de la niña, hubiera una hostia o "forma" de luz. concentrada, que irradiaba en torno una pequeña aureola de claridad., 4.e distinta claridad. i.l fenómeno fue observado también, ciertamente, par otras persona~; pero se sabe que algunas no quisieron hablar de él, por temor a que las tachasen de aluci– nadas o histéricas. 53 Y me mandó (la Virgen) -dice Conchita- rezar el rosario, y yo lo recé (Diario, pág. 58).
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz