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390 los cuatro solos 50. Hacía poco que su hermano le había dicho: ¿Ves la hora que es? Ya hoy, ¡na! 51 ; y Conchita le respondió: Todavía no ha pasao la hora. A los pocos minutos fue cuando cayó en éxtasis . Está– bamos sentados en la cama, y ella hablando con nosotros, cuando de repente cayó allí al lado mío, contra la puerta.. . » Muy pronto la niña se levantó, salió de la habitación y empezó a bajar solemnemente la escalera. La vi bajar -declara la señora del doctor Ortiz- con las manos juntas ante el pechó, la cabeza echada hacia atrás, la boca un poco entreabierta, y una expresión de felicidad ¡maravillosa! Juntamente con doña Paquina de la Roza Velarde, salió de la cocina para ver a la vidente el P. Bravo, profesor de la Univer– sidad de Comillas, especialista en materias de espiritualidad; ante aque– lla criatura transfigurada sólo acertó a repetir: ¡Qué maravilla! ¡Qué maravilla! Los que estaban en la casa, intentaron seguir de cerca a Conchita que salía, pero se encontraron impedidos por la gente, que aguardaba con impaciencia y que se echó sin consideraciones encima, buscando, como fuera, un primer puesto de observación. Salió a la calle y ya no pude seguirla, dice la señora de Ortiz. Y o salí detrás, entre la gente; pero me tumbaron, declara el tío Elías. Y al P. Bravo le empujaron también de tal forma, que por poco le tiran; tuvo que renunciar a ir en primer término. Miguel, el hermano de Conchita, y otros jóvenes robustos, se vieron y se desearon para protegerla en su marcha. «Serían las dos menos veinte o menos cuarto de Ia noche -escribe don Luis Navas-, cuando poco después de salir a la calle, y nada más doblar una esquina a la izquierda, donde menos se esperaba, frente a la casa de su amiga Olguita, la vidente cae de rodillas, y tiene lugar la comunión; era un lugar húmedo, poco grato, por verter allí a veces aguas sucias de las casas.» La vidente estaba abstraída de todo esto, ignorante incluso de sus actitudes y desplazamientos; para ella sólo existía lo que dice en su diario: Se me apareció el ángel en una habitación. Y el ángel estuvo un poco conmigo, y me dijo igual que otros días: «Reza el "Yo, pecador", · y piensa a quién vas a recibir.» Y yo lo hice. Y después me dio la co- munión. Y después de que me dio la comunión, me dijo que dijera el "Alma en Cristo" y que diera gracias, y que estuviese con la lengua fuera, con la Sagrada Forma, hasta que él se fuera y la Virgen viniera. Y yo así lo hice. * * * Es indudable, porque está asegurado y confirmado por no pocos testigos, que en la boca abierta de la niña y sobre su lengua echada gra– ciosamente hacia fuera, se vio por algún tiempo una blanca Forma de comunión... Aunque era en plena noche, la escena y la protagonista estaban convenientemente iluminadas. He aquí, sobre todo esto, un testimonio que tiene especial fuerza por las circunstancias del sujeto 50 El P. Etelvino González había marchado hacía rato, pues sobre las diez y media, Conchita indicó a los presentes: «Pueden ir a cenar, si quieren», dando a entender ·que lo que estaban esperando no iba a tener lugar eh seguida. 51 «Ná» = nada.
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