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Se fue con prisas a la montaña 389 La niña debía de sentir ya que llegaba el momento. «A las diez de la noche yo ya tenía una llamada, y a las doce otra, y después ... » (Diario, página 57.) A la 1,40... Está fuera de toda duda que esa noche del 18 al 19 de julio de 1962, en el pueblo de San Sebastián de Garabandal sucedió «algo» que iba a suponer mucho pára la historia de lo que allí estaba ocurriendo. Tenemos un breve relato que nos da ese «algo» desde dentro, y tam– bién otros relatos que nos lo dan desde fuera. Escribe la protagonista en su Diario, páginas 57-58: A las 2, se me apareció el ángel en una habitación; en mi casa estaban mi mamá Ani– ceta, mi hermano Aniceto, y un tío, Elías, y una prima, Luciuca, y una de Aguilar, María del Carmen Fontaneda. Y el ángel estuvo un poco conmigo 48 y me dijo igual que otros días: «Reza el "Yo, pecador" y piensa a quién vas a recibir. » Y yo lo hice. Y después me dio la comu– nión. Y después de que me dio la comunión, me dijo que dijera el «Alma de Cristo» ·y que diera gracias, y que estuviese con la lengua fuera con la Sagrada Forma, hasta que él se fuera y la Virgen viniera; y yo así ha hice. No podemos señalar con precisión el momentb en que empezó el éxtasis de Conchita; acabamos de ver que ella dice «a las 2», pero sus precisiones cronométricas no son muy de fiar. Todos los testigos coin– ciden en que la cosa ocurrió poco después de acabar el baile, pasada la una de la noche; y concordando los datos de varios de ellos, se puede tener por cierto que el discutido trance empezó entre 1,30 y 1,40. Poco antes de ese comienzo, Conchita, que había bajado un rato a la cocina, subió de nuevo al piso de arriba. Lo dice expresamente una persona que se encontraba allí, la señora del doctor Ortiz Pérez: Después de un rato, Conchita subió de nuevo al piso alto, y al poco tiempo la vi bajar con las manos juntas. En la habitación de aquel piso estaba desde hacía cosa de una hora un hombre no fácil para los entusiasmos religiosos : Elías González Cuenca. Aunque tío carnal de Conchita, ni tenía mucha fe eTJ. su sobrina, ni mantenía relaciones cor diales con la casa. Oigamos su testimonio 49 : «Eran más de las doce y media p'alame; yo estaba con otro tomanda cerveza en casa de Elena, cuando oímos revuelo de gente, y entonces me fui hacia allá y entré en su casa; con toda malicia, a ver si veía algo que no me gustara. Es sobrina carnal; pero con ésta creo que han sido tres las veces que yo he entrado allí. .. Estuve con ella en su casa como una hora. Su madre, ella, su hermano Cetuco, una chiquilla y yo estuvimos rezando, y luego su madre se bajó a la cocina, quedando " Recuérdese que a las niñas en éxtasis, los más largos ratos se les hacían «minutines». Y recuérdese tampién ·que ellas podían moverse mu::ho en sus trances, hacer de prisa extensos recorridos, sin perder la sensación de estarse . quietas en el mismo lugar; como no salían de la luz que las envolvía en su campo de visión, quedaban sin la facultad normal de «sentir» los desplazamientos. 49 Está grabado en cinta magnetofónica.

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