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Se fue con prisas a la montaña 387 Lo que diga, pues, este testigo ocular, que no estaba precisamente influenciado a favor, puede ilustrarnos mucho sobre lo que fue ocu– rriendo en torno a Cémchita aquel .atardecer del 18 de julio de 1962. Primera pregunta.- ¿Estaba usted en la cocina de la casa de Con– chita, antes de su salida en «rapto»? Respuesta.-Pasé la tarde en casa de Conchita, en la cocina (a ratos) y principalmente en el piso superior 44 , en compañía de varios sacer– dotes, un P. franciscano, un P. jesuita y un seminarista. En las horas inmediatamente anteriores al rapto estuve prácticamente ausente, salvo intervalos. Segunda pregunta.-¿Cuál era la situación anímica de la pequeña? Respuesta.-La tónica general, durante las horas en que la vi, fue de seguridad en el cumplimiento del. pronóstico y de cuidado en prepa– rarse espiritualmente para ello, rezando y haciéndonos rezar; rezamos una estación al Santísimo y dos partes del rosario (diez misterios). Al mismo tiempo, la niña se mostraba incierta sobre lo qlle convenía hacer con el baile, que se había organizado frente a su casa; quería que hu– biera música, pero indicaba débilmente que debían dejar de bailar.» Esto del baile traía a mal traer a mu~hos de los que habían subido al pueblo. La misma Conchita lo recoge en su diario, página 57: «Junto a mi casa estaba la 'función 45 , el baile; estaban las dos cosas juntas: unos rezando el rosario y otros al baile 46 • Algunos querían quitar el baile, porque te_i:¡,ían miedo de que habien– do baile, no hubiera milagro; y entonces un señor de los que querían quitar el baile ,Ignacio Rubio, me dijo a mí que si quería que quitara el baile, y yo le dije que, habiendo baile como nó habiéndole, el milagro se ·. produciría. Y entonces ya no discutieron más con el baile.» Quizá ese señor que dice Conchita sea el mismo de quien habla otra referencia: « Un asistente, profesor de Granada, pidió ayuda a alguien influyente en el pueblo para que convenciese a los mozos, y el baile " En ese mismo piso estuvo también Conchita durante casi toda aquella tarde de fiesta, según testimonio preciso del P. Etelvino González a preguntas de la Co– misión : «Se mantuvo (Conchita) desde media ·tarde en el piso superior. En todo el tiempo creo que sólo bajó a la cocina unas dos veces... En la habitación, a cuyo balcón estuvo asomada casi toda la tarde, estaba acompañada de varias amigas, cuyos nombres ignoro. Todas jugaban (no s·e olvide que era la tarde de la fiesta del pueblo); pero noté en ella un aire como de estar un poco ausente. Reía, contestaba a las preguntas con serenidad, y dedicaba estampas con una facilidad de redacción, ilentro de sus posibilidades, admirable. »Durante la tarde fue muy accesible y dócil a los sacerdotes. Incluso llegó a decirme una vez; Quiero que los sacerdotes estén junto a mi, agachaducos (segura– µiente por respeto al Señor, a quien esperaba recibir), refiriéndose al momento que se esperaba.» · . · 4 .5 Se ve que en la. zona de Garabandal, como en comarcas de otras provincias limítrofes era de uso corriente llamar a la fiesta del pueblo «la función». Al apro– ximarse 1~ fecha, la gente disponía las cosas y arreglaba las casas .e invitaba a familiares o amigos «para el día de la función». . 46 El contraste es realmente sugestivo... ¡ Qué mezcla extraña fo:r;mamos los hombres! ¡ Y qué mezcla tan extraña hay en cada hombre! Tarea de la vida es ir poniendo orden, sobre todo orden interior; mediante la eHminacjón de lo que 110 encaja en la marcha hacia arriba, mediante Ja. puesta en su lugar q.e cuanto está para ayudarnos.
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