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·Se fue con prisas a la montaña 385 niones, especialmente de los forasteros que habían acudido por lo del milagro; hubo que fraccionar las Formas en varias partes.» Con las horas de mediodía el ambiente festivo alcanzó su punto culminante. Pero al paso de las horas vespertinas la impaciencia y la inquietud empezó a cundir entre los que esperaban... ¡Ni sucedía nada, ni se advertían señales de que fuera a ocurrir algo! «A medida que el tiempo pasaba -escribe el referido señor-, crecía nuestro desasosiego ... , que llegó a alcanzar tensión de verdadera angus– tia, ·cuando expiraba la tarde. Achacábamos al baile 40 el motivo del retraso, quizá de la no reali– zación del prodigio; y llenos de perplejidad, el tiempo se nos iba, ha– ciendo multitud de conjeturas ... Para mí, personalmente, no pedía nada, pues ya no tenía necesidad del milagro para creer en las apari– ciones; pero me dolía profundamente que, de no realizarse lo anun– ciado, quedaran por tierra, junto con la fe, los buenos propósitos de innumerables personas, principalmente de las que habían acudido por primera vez a Garabandal. ¡No podía olvidar lo ocurrido el 18 de octu~ bre, y eso que entonces las niñas no habían anunciado prodigio alguno!» Para mejor sostener su esperanza en aquella angustiosa espera, el seíÍor Navas -dice él- «no dejaba de recordar cómo días antes la vi– dente había dictado una nota para el sacerdote de Santander, señor Odriozola, invitándole a estar presente cuando le diera el ángel la co– munión; anunciaba este hecho en términos categóricos, con firmeza y seguridad absoluta. Ella no había dicho hora, y el día solar no acababa hasta la 1,20 de nuestros relojes 41 ; pero cada minuto que transcurría, aumentaba mi intranquilidad y me hacía pensar en lo que ocurriría de estar allí ese sacerdote a quien la niña tanto había apremiado (más tarde me dijeron que había enviado en lugar suyo a un representante).. .» Según referencias, ese enviado del reverendo Odriozola fue el abo– gado santanderino R. M. 42 , quien actuó en Garabandal dentro de la más «ortodoxa» línea de la Comisión: «Hacía las cinco de la tarde, propuso a Conchita que desistiera ya de todo aquello ... , que por parte del obispo tendría el más amplio perdón... , que si quería marcharse a Santander, él mismo la llevaría con muchísimo gusto ... El marqués de Santa María, que estaba presente allí, en la casa de la niña, no pudo _contenerse y entabló una discusión violenta con el abogado, que acabó yéndose de muy mal humor. » (Referencia de otro testigo.) La casa de Conchita tenía que ser, naturalmente, aquella tarde del 18, el centro de la máxima expectaci ón. Quienes entonces pudieran entrar y mantenerse allí, se habían de considerar verdaderamente privilegia– dos; para tal privilegio tenían especial facilidad los sacerdotes, como " El baile era número imprescindible en una fiesta de pueblo; cosa de mozos, los de Garabandal no supieron renunciar a él, a pesar del anuncio de Conchita, y lo montaron, según costumbre, bastante cerca de su casa. " Desde hace muchos años la hora oficial de España va con 60 minutos de ade– lanto sobre la hora solar, a fin de sintonizar mejor con el conjunto de Europa. " Se trata, según parece, de don Regino Mateo, oriundo de la comarca de Rei– nosa, pero avecindado en Santander capital: era abogado .de la Diputación.
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