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384 Esperando la hora H Del ambiente de Garabandal al atardecer del 17 de julio de 1962, puede darnos idea este breve apunte de don Luis Navas Carrillo: Du– rante el día habían estado llegando innumerables coches. Las casas se llenaban, resultando dificilísimo encontrar una cama para dormir. Otra vez los pajares volvieron a estar en pleno servicio para que muchos en– contraran descanso. Pero bastantes renunciaron a él, por no perderse las escenas de aquella noche, que estuvo casi toda ocupada por esperas y éxtasis. Pri– mero fue el de Jacinta; luego, a las 5,15 de la madrugada, ya con las primeras luces del nuevo día, el de Mari Loli. Esta estuvo primeramente en el «Cuadro» y luego tomó la dirección de la iglesia, acompañada por un grupo de personas; don Luis Navas estaba entre ellas: «Me adelanté a entrar en la iglesia, y vi a un sacerdote forastero, ya revestido de orna– mentos sagrados, que disponía el altar para celebrar misa. No pudo disimular la sorpresa que le produjo la inesperada llegada de aquel cor– tejo, y empezó a decir: ¡Que no entre! ¡Que no entre!, como si. de en– trar la niña fuera a caer sobre él alguna grave responsabilidad. »Sus temores se calmaron en seguida, pues la vidente, a pesar de estar abierta la puerta, se detuvo a la entrada, y cayó de rodillas allí, acabándose el trance. Recordé entonces cómo en otras ocasiones, desde que la autoridad eclesiástica ordenó tener cerradas las puertas de la iglesia durante los éxtasis de las niñas, éstas se detenían a la entrada del templo, y a veces se les oía murmurar: "¡Ah ¡ ¿ Que no quiere el señor obispo... ?", adoptando siempre una actitud · de total obediencia y acatamiento.» La jornada del 18 de julio, que empezaba de tan singular manera, continuó con unos aires que la hacían muy distinta de tantas otras jor– nadas. Para los forasteros, estaba sobre todo la expectación del milagro anunciado por Conchita; para los del pueblo, contaba también mucho que era la «fiesta» principal del año, el día en que volvían a encon– trarse con familiares y amigos que habitualmente estaban lejos, el día en que todas las casas se llenaban de personas alegres, de trajes nuevos y de mesas abundantes ... La fiesta, oficialmente, era en honor del mártir San Sebastián (el acribillado a flechazos), titular de la parroquia y patrono del pueblo; desde hacía años, se había trasladado del 20 de enero, el verdadero día del santo, a esta fecha de julio (jornada festiva en España), por causa de contar con mejor tiempo y mayores facilidades para la llegada de parientes o invitados. Bien entrada la mañana -dice don Luis Navas-, «asistimos a la misa mayor, cantada, en la que oficiaban tres sacerdotes 38 ; el sermón corrió a cargo de un paisano mío burgalés, que ejerce su ministerio en San Vicente de la Barquera 39 ••• Era hermoso contemplar tantas- comu- 38 Por aquellos días aún no se había restablecido el rito de la «concelebración», y las misas más solemnes eran las de tres ministros sagrados: sacerdote celebrante, diácono y subdiácono; eran las que en los pueblos llamaban «de tres», y no podían faltar en las grandes fiestas, so pena de perder éstas bastante de su categoría... 39 Desde hacía años, Padres del Corazón de María (Claretianos) llevaban el ser– vicio parroquial de esa villa santanderina de la costa. Con frecuencia alguno di> ellos se desplazaba para predicar en los pueblos de la zona.
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