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376 lidad" 19 • Del P. Carmelita me edificaba su humildad y silencio; había llegado aquella misma tarde de Burgos y se la pasó casi entera aten– diendo a la gente, repartiendo e imponiendo escapularios ... Yo sentía una dulce emoción; me venían a la memoria aquellos meses de mayo, el de "las flores a María", de mis tiempos de estudiante en el Instituto de Burgos.» El domingo, día 1 de julio, tuvo poco más o menos la misma historia que los dos días anteriores. De él dice don Luis Navas: «Este día se nos hizo algo más larga la espera. La primera aparición, que fue de Conchita, empezó sobre las diez de la noche. La gente, inclui– da su entrañable y agradecida amiga Mercedes Salisachs, había abando– nado ya su casa, creída de que ya no habría nada. Yo tuve la suerte de ir a aquella hora en busca de una niña paralítica, a quien había reco– mendado permaneciese en casa de Conchita hasta que fuese a recogerla; allí encontré al doctor Puncernau (don Ricardo), de Barcelona 20 • Con– chita cayó violentamente de rodillas al comenzar su visión, y nos ofreció a besar el crucifijo; cuando le llegó el· turno al doctor, la niña hizo algo diferente: con un solo movimiento de su brazo extendido le dio por tres veces a besar. Yo, antes que empezara la visión, me había quejado a Conchita de que nunca me había ella ofrecido el crucifijo... Por eso, sentí ahora un gran consuelo al ver cómo me lo presentaba, pues bien sabía yo que las niñas no obran por su propia cuenta al dar a besar el crucifijo o al levantar cartas y rosario-, hacia la visión; lo hacen según las indicaciones de la Virgen. Me ayudó a comprender esto algo que había leído del P. Pío: "Muchas veces Dios hace que me olvide de unas personas por las que tengo intención expresa de rezar, y me presenta otras por las que debo interceder para su salvación." El médico había entregado a Conchita una carta, para que pidiera a la Virgen la curación de un paciente... A la mañana siguiente vi a la niña escribiendo la contestación recibida; después dio al doctor el en– cargo de no abrir la carta hasta que estuviese en presencia del enfermo, aquejado, según oí, de un mal incurable.» De las incidencias de la segunda aparición, que fue de Loli, esto es lo que me parece de mayor interés:- · «Resultó emocionante el momento de darnos a besar el crucifijo; primeramente, corno de costumbre; después, dándolo primero a la Virgen y luego a la persona... Cuando llegó el turno de ocho personas que habían llegado aquel mismo día de Cádiz, quedé verdaderamente edificado del recogimiento y la fe con que esos gaditanos depositaron su beso en el Santo Cristo. 19 Maximina habla también de esto en sus cartas a la familia Pifarré; pero dice que fue Conchita la del éxtasis, lo mismo que en el caso de la uruguaya. 20 Este doctor, eminente neuropsiquíatra, que ejerce y enseña en la capital de Cataluña, ha estudiado tenazmente las cosas de Garabandal, y ha llegado a la conclusión, repetidamente expuesta por él, de que «desde un punto de vista cientí– fico-médico no se encuentra explicación satisfactoria a la totalidad de los hechos, tanto fisiológicos como psicológicos y parapsicológicos, que se dan en tan extra– ordinarios fenómenos».
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