BCCCAP00000000000000000000758
374 Poco después también Jacinta entró en éxtasis; salieron las dos a la calle y empezaron su marcha hacia los Pinos con el rezo del segundo rosario de la noche... En la cima, cayeron de rodillas; después, de es– paldas ... ; por su actitud daban la impresión como si la bola del mundo estuviera para desplomarse sobre ellas y aplastarlas. El descenso del monte, de espaldas, fue sorprendente. En vez de bajar por el camino recto o acostumbrado, lo iban cortando transversal– mente, sin seguir vereda ninguna, y después de salvar un corte casi vertical de mucha altura... Yo me supuse que la figura que estaban contemplando se movía muy pausadamente, para que ellas pudieran deslizarse hasta el pueblo con toda suavidad. Ya abajo, yo creo que no quedó calle ni calleja que no presenciara el paso de este rosario nocturno ... ; no pudieron sustraerse a él ni los mozos, que estaban cantando y bebiendo en una cantina, pues las niñas penetraron allí y les dieron a besar el crucifijo; por cierto, que ellos adoptaron una actitud de absoluto respeto 16 • En las marchas y contramarchas, Mari Loli perdió una de sus sanda– lias; poco después empezó a recorrer el mismo camino hacia atrás y de espaldas, hasta que su pie desnudo tropezó justamente con la san– dalia perdida: sin bajar la cabeza y sin usar las manos, metió .el pie en ·ella... y, segundos después, levantando graciosamente los brazos, se arrancó a una -yelocidad de vértigo, sorteando toda clase de obstáculos. Repentinamente se detuvo a la altura de una mujer forastera, de aspecto elegante; se trataba de Concepción Zorrilla, miembro de una compañía de teatro extranjera, que días antes había actuado en Madrid; la mujer, antes de regresar a su nativo Uruguay. y desviando su ruta hacia París, quiso subir a tan apartado rincón de la geografía hispana en busca de... Lo que buscaba (seguramente una respuesta a sus dudás e inquietudes), debió de encontrarlo cuando la niña extática, con la mirada en lo alto y sin volver hacia ella la cabeza, le alargó el brazo, dándole a besar el crucifijo; ella renunció por dos veces, pero tuvo que rendirse a la dulce obstinación de la niña y puso sus labios en la sagrada imagen, mientras le caían gruesas lágrimas de los ojos. Ella misma confesó más tarde que si había rechazado el crucifijo había sido sólo por considerarse completamente indigna de darle un beso. El día de su marcha yo tuve la oportunidad de hacerle una fotografía con Mari Loli y se la regalé, para que pudiese rememorar siempre en las lejanas tierras de su país aquel momento inolvidable de su visita a Garabandal 17 • 16 No nos extrañe demasiado la actitud de esos mozos. Bastante reacios ellos, como todos los de sus años y ambiente, para las prácticas de piedad, estaban además demasiado habituados a aquellas cosas, que pasaban en su pueblo cada día; quizá también hasta un poco cansados... ¿Cómo pedirles que renunciasen del todo a sus ratos de expansión? 17 También el doctor Puncerna'u, neuropsiquíatra de Barcelona, ha referido su vivencia de este caso en el opúsculo «Fenómenos parapsicológicos de Garabandal»; pero él pone a Conchita en Jugar de Loli : «En la taberna de Ceferino había una chica uruguaya que trabajaba en el «Folies Bergere» de París. Pronto entablamos conversación. Me dijo que ella no solamente no creía en aquellas supuestas apariciones, sino que no creía en nada de la religión. Había venido a Garabandal por simple curiosidad. Al cabo de un rato le propuse salir fuera para ver lo que ocurría con las videntes.
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz