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Se fue con prisas a la montaña 373 aquellos peligrosos caminos ... No mucho después, la vidente se fue en busca de Mari Cruz; la puerta de su casa estaba cerrada; Conchita la golpeó con fuerza, persistentemente, hasta que se abrió; entonces subió por una empinada escalera, se llegó a donde estaba su compañera y le puso el crucifijo en los labios. Parece que Conchita no olvida a Mari Cruz ni en los momentos de visión, pidiendo a la Virgen que se le aparezca a ella con la frecuencia que a las otras. Después, con gran extrañeza, nos llevó al cementerio, por aquellos caminos tan solitarios y a oscuras; frente a la puerta se detuvo unos momentos e hizo solemnemente la señal de la cruz hacia el interior, como si impartiera una bendición sobre las tumbas 13 • Al regreso, entró en .casa de su tía Maximina... Y, finalmente, llegó el momento de "la carrera", que para mí era una auténtica novedad. Antes de iniciarla, se detuvo y, extendiendo ligeramente los brazos, salió como una exhalación por el camino tortuoso... , sin rozar siquiera las esquinas, las tapias, los setos o las piedras, que acechaban por todas partes (sin olvidar los balcones bajos, contra los que podía cualquiera lastimarse la cabeza, como a mí mismo me ocurrió). No pudimos se– guirla, ni menos alcanzarla. Cuando regresó, nos fuimos todos hacia la iglesia y en su mismo pórtico concluyó aquel extraordinario rosario, que tanto había durado y tantos incidentes había tenido. Allí se cantó la salve y se rezó el credo; por cierto, que me llamó mucho la atención el que la niña, a lo de "santa Iglesia católica" añadiera claramente ''apostólica y romana"; me dijeron que sólo hace eso cuando recita en éxtasis el credo... 14 La segunda visión de la noche, noche de sábado, la tuvo Mari Loli. Pude presenciar el comienzo en su misma casa: subió por unas esca– leras casi verticales, se puso a recorrer las diversas dependencias y en seguida su padre intuyó que buscaba sus sandalias de goma: se las colocó próximas a los pies y la niña, nada más calzárselas, cae violenta– mente de rodillas y se contorsiona hacia atrás, hasta darse con la cabeza un trompazo contra el suelo. Su padre, Ceferino, le dice a Jacinta, que está presente, que le pregunte 15 • -¿Cómo te has dado ese golpe? Todos vimos a la niña extática entreabrir los labios con una leve sonrisa y responder: -¿Qué golpe? 13 El cristiano ·sabe que en las tumbas no están «los muertos» : éstos, en lo más constitutivo de su ser, que es el alma, el espiritu, tienen otros paraderos.. . Lo que hay en las tumbas son despojos de «personas», pero tan «de ellas» que por ahora merecen todo cuidado, y para después les vendrá el reintegrarse a la vida mediante la resurrección. 14 El credo que solía recitarse fuera de la misa era más breve que el de ésta; al hablar de la Iglesia, sólo decía: «Creo... en la santa Iglesia católica», sin lo de «apostólica y romana», Tal vez la niña; por inspiración de lo alto, y desde luego sin ella entenderlo, se adelantaba a prevenir contra ciertas actitudes «ecuménicas» que iban a llegar Y que habían de meter a todas las Iglesias en una confusa equiparación. 15 Ya queda dicho, en capítulos de la primera parte, que con una niña en éxtasis sólo podía establecerse comunicación a través de otra niña vidente que estuviese normal.

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