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372 nmas caminaban ya en éxtasis. Fácilmente las encontramos y nos uni– mos al grupo que las seguía hacia los Pinos ... Las perdimos de vista un poco más arriba del "Cuadro", pues, siguiendo instrucciones que había dado, según decían, la misma San.tísima Virgen, nos quedamos todos a cierta distancia 11 ; allí estuvimos esperando, un poco angustia– dos, ya que algunos oían, o creían oír, unos débiles gemidos, que en el silencio de la noche y en su oscuridad les debían de recordar a muchos los fuertes sollozos de la Víspera del Corpus. Al cabo de un rato aparecieron las niñas, que descendían hacia nos– otros, y se quedaron relativamente cerca; lo suficiente para que, con la luz que proyectaba una linterna potente, contempláramos cómo caían y se incorporaban sobre aquel suelo tan pedregoso ... ; prestaban un en– canto especial al cuadro las luces de las linternas que portaban las mismas niñas y con las que habían salido de sus casas para acudir a la cita de la Señora; no lejos de ellas, adelantados ligeramente sobre los demás, aparecían el padre de Mari Loli y la madre de Jacinta. Aquel silencio, que parecía como un eco extraño de la noche, tan estrellada y serena, nos ayudaba a meditar... 12 Acabado el éxtasis, las niñas presentaban en sus rostros lágrimas mal limpiadas y un aspecto serio y triste, que contrastaba con el risueño y alegre que solía serles habitual. Las impresiones de este primer día templaron mi espíritu, para que captara mejor un conjunto de cosas que escapan a la razón y a los sentidos, que sólo pueden recogerse abriendo mucho los ojos de la fe. Día 30 de junio, sábado. Este fue el día más emocionante de los tres que pasé en esta ocasión en Garabandal; me hizo revivir los más gozosos y esperanzadores de los Cursillos.. Entrada ya la noche, estábamos de espera en casa de Conchita. Su madre le manda ponerse unas botas "katiuskas", como si presintiera que llegaba la hora. Poco después, la niña cae en éxtasis, sale de su casa y, arrastrando tras de sí a todos los forasteros y a muchos del pueblo, va rezando el rosario por calles y callejas ... Se rezaban unos misterios, se cantaban otros ... Aquella voz de la niña extática, tan mu– sical, tan llena de auténtica, sincera, sentida y profunda piedad, nos iba penetrando a todos y nos embargaba una sensación especial de bienestar y placidez... Yo nunca había visto a las niñas caminando de espaldas; pero sí había oído hablar de ello y, por cierto, con un cierto desdén y hasta con burla... Ahora puedo atestiguar que ·"aquello", por su armonía, por su gracia y ritmo, parecía una emocionante danza celestial. Durante el recorrido, la vidente encontró el coche de Fidelín: se de– tuvo, e hizo la señal de la cruz sobre el volante y el parabrisas. Se me ocurrió que tal vez la Virgen quisiera bendecir y aprobar así al único taxista que por entonces se arriesgaba diariamente a subir gente por 11 Quizá fue en esos momentos de éxtasis en los Pinos cuando Conchita oyó la voz anunciada, comunicándole la fecha del «milagrucu»; o quizá fue en algún momento precedente de la jornada, mientras ella andaba sola por allí. 12 Siempre las cosas de Garabandal llevaron a quienes las contemplaban, y no eran demasiado frívolos, a esa actitud de respeto, silencio y meditación.

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