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362 rezábamos y aguardábamos; pero se demoraba mucho. En esto, su madre se acercó a la ladera y vio delante de su casa una persona que le pareció fraile o sacerdote: -Parece que trae cordones blancos ... Conchita, al oír esto, se apresuró a bajar y, detrás de ella, nosotras. Efectivamente, era un Padre franciscano; celebró la misa y nos dio la comunión. Su madre comentaba: "¡Por algo hemos esperado tanto allá arriba! Siempre que hay un sacerdote que dé la comunión, no la recibe del ángel".» Por la tarde hubo algunas confesiones de personas devotas, a la hora del rosario; la mayoría de la gente andaba a las faenas del campo, que en aquella época del año urgían mucho, y más teniendo por delante un día rigurosamente festivo, en el que no se podía trabajar. Cuando las sombras cayeron de lleno sobre el pueblo, casi todo el mundo se puso a la expectativa de lo que pudiera ocurrir, pues todos estaban muy impresionados con lo de la noche anterior. «A primera hora de la noche -habla de nuevo doña Eloísa de la Roza Velarde-, yo me acerqué a casa de Mari Cruz, a recoger un rosario que le había dejado, y por el camino me enteré de que ya estaban las otras en la Calleja; me volví en seguida a buscar a mi hija, pero no la encon– tré. Entone.es marché con toda prisa al lugar indicado, y allí estaba ella, con Maximina (en cuya casa nos hospedábamos) y muchas más personas, entre ellas el P. Félix Larrazábal.» Sabemos por don Valentín, que recoge lo que le dijeron, que las niñas «fueron al Cuadro corno el día anterior, hacia las 10,30 de la noche; dijeron que habían visto al ángel ... , quien les dijo que después vendría la Virgen, pero que la gente se mantuviera alejada, que no pasara nadie de la última casa del pueblo. Así lo hicieron todos; mas parece que el Padre franciscano -que seguramente era el único sacerdote presente– mostró intención de llegarse hasta donde estaban las niñas. Ceferino le cortó el paso, diciendo: "Aquí somos todos iguales". Después, parece que a las niñas se les oyó llorar mucho... » Lo que don Valentín refiere así de oídas, queda bien confirmado por la vivencia personal de doña Eloísa de la Roza: «Las niñas daban unos gritos impresionantes ... Y decían: "¡Espera! ¡Espera!... ¡Que se confie– sen todos/ ... ¡Ay!... ¡Ay!..." La gente empezó a pedir y pedirse perdón públicamente... El Padre, muy emocionado, rezaba en alta voz, y todos le seguía– mos... Cuando cesaba un momento, las niñas, de la manera más angus– tiosa, volvían a llorar y a gritar..., aplacándose de nuevo cuando prose- guía el rezo... 14 · 14 Compárese esta escena de Garabandal, en la hora novísima (1 Jn. 2, 18) del mundo, con la escena del Exodo (17, 8-12), cuando la Historia de la Salvación casi comenzaba: «Vinieron los amalecitas y atacaron a Israel en Refidim... Josué .cumplió las ór– denes de Moisés, y salió a combatir contra Amalee.» «Mientras tanto, Moisés, Aarón y Hur subieron al monte. Y sucedió que, cuando Moisés tenía alzadas las manos (en oración), llevaba Israel las de ganar; pero cuando las bajaba, era Amalee quien se imponía... » ¡ Sugestiva lección sobre lo que puede valer nuestro orar frente a toda clase de situaciones!
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