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Se fue con prisas a la montaña 361 entregaron, escrito y firmado de su mano, a cierta persona de confianza. Evidentemente, dicho mensaje es un palidísimo reflejo de lo que ellas vieron y entendieron en aquella primera noche «de los gritos»: «La Virgen nos ha dicho 11 que no esperamos el Castigo; pero sin esperarlo vendrá; porque el mundo no ha cambiado, y ya lo ha dicho con ésta dos veces; y no la atendemos, porque el mundo está peor; y hay que cambiar mucho, y no ha cambiado nada. Preparadvos 12 , confesar, que el Castigo pronto vendrá, y el mundo sigue igual ... Lo digo: que el mundo sigue igual. ¡Qué pena que no cambie! Pronto vendrá el Castigo muy grande, si no cambia. MARÍA DOLORES MAZÓN, JACINTA GONZÁLEZ.» Aquí está el mensaje fielmente reproducido; sólo es cosa mía la pun– tuación y la distribución por líneas, para que quede menos embarullado y se capte mejor su contenido (las niñas lo escribieron todo seguido, sin una sola coma ni un solo punto). Lo que ellas buscaban con esa forma reiterativa, dentro de su pobrí– sima capacidad de expresión, era inculcar apremiantemente las dos o tres cosas fundamentales que habían entendido y vivido ( ¡y cómo! ) en el curso de la aparición: ~Que el Castigo (lo escribo con mayúscula para que nadie lo con– funda con un castigo cualquiera), anunciado en el primer mensaje, del 18 de octubr~, va a venir inexorablemente... , porque sólo una actitud penitencial de cambio podría librarnos de él y, en lugar de esto, lo que se está produciendo en el mundo es una marcha acekrada por el ca– mino de los peores desórdenes. -Que sólo quienes «se preparen», mediante un sincero retorno a Dios y el mantenerse en oración y vigilancia, podrán afrontar en debidas condiciones la terrible prueba 13 • Garabandal, aquella noche, después de los impresionantes gritos de las niñas, de sus lágrimas y de su hablar (entrecortado, incoherente), no debió de tener un sueño muy tranquilo... Pero fue aún peor al día siguiente. A buena hora de la mañana llegó el P. Félix Larrazábal, superior de los Franciscanos de San Pantaleón de Aras (Santander), llamado por don Valentín para que le hiciera en el pueblo la fiesta del Corpus. Poco después de su llegada, se dirigió a casa de Conchita; pero no encontró a nadie. «Estábamos acompañando -dice la cuñada del doctor Ortiz- a Con– chita en los Pinos, donde ella esperaba recibir la comunión por el ángel; 11 Es difícil precisar si fue la Virgen quien personalmente les presentó todas estas cosas, o lo hizo por medio del arcángel... 12 Forma incorrecta del imperativo; en vez de «preparaos». 13 Los castigos de Dios · en este mundo nunca tienen una exclusiva razón de «ajustar cuentas» vindicativamente; vienen siempre impregnados de misericordia, ofreciendo ocasión; a cada uno, de «satisfacer» por sí mismo o por los demás, mediante la buena aceptación de los males que llegan.

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