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360 «Las niñas lloraban y decían: ¡No nos digas eso! Llévamos a nosotras... ¡Que se confiesen ... que se preparen! Después dijeron que lo darían (lo que el ángel les había comuni– cado) por escrito ... Duró cincuenta minutos.» ¿Qué hacía entretanto Conchita? ¿Por qué faltaba en aquel impor– tantísimo acto de «la calleja»? Unos apuntes- de don Celestino Ortiz nos lo van a declarar: «Me cuenta mi cuñada Eloísa (estaba pasando con su hija unos días en Garabandal) que al anochecer del 19 de junio se encontraba con otras personas en casa de Conchita. Su madre no la dejaba salir, por tener bastante mala una rodilla. De pronto, la niña se queda en éxtasis, cayendo tan bruscamente de rodillas, que se hizo sangre. Entonces Eloísa le dijo a Aniceta: -No adelanta nada con no dejarla salir; mire lo que se ha hecho. -Por mí, que salga. La niña no salió, pero extática como estaba, cogió una cuartilla y sosteniéndola por el borde inferior, ¡en el aire!, empezó a escribir sobre ella con un bolígrafo. Acercando linternas, la gente quería leer lo que escribía, y ella trataba de evitarlo. -No miréis -dijo alguien-, que ella no quiere. Subió entonces a su habitación, cambió de bolígrafo y siguió escri- biendo. · Cuando aquello había acabado, y ella estaba ya normal, entra Plá- cido 8 , muy afectado por una fuerte emoción, y exclama: -¿No han oído los gritos que daban las otras niñas en "la calleja"? -No. -¡Ha sido espantoso!» Ciertamente, lo de «la calleja» en aquella noche del 19 de junio, pri– mera noche <{de los gritos», como empezó a decir la gente, debió de ser muy serio e impresionante 9 • Acabamos de ver la anotación de don Va– lentín: «Después dijeron que lo darían por escrito.» Así fue, en efecto, y anda por ahí un corto mensaje de fecha de 19 de junio de 1962, con las firmas de Mari Loli y Jacinta (¿sería el mismo mensaje lo que Con– chita extática. trataba de escribir en su casa sobre la cuartilla apoyada en el aire? 10 He visto no pocas copias de dicho mensaje, con ligerísimas variantes; pero yo lo doy aquí según una fotocopia del texto que ellas ' Nuestro conocido comerciante de Santander, Plácido Ruiloba. 9 Sólo años más tarde, bastantes años, se nos ha dado alguna información pre– cisa sobre el «contenido» de esa noche. La revista neoyorkina «Needles», en su número de febrero de 1978, recogía unas declaraciones del marido -norteamericano- de Jacinta (como portavoz, natural– mente, de ésta); según tales declaraciones, lo que Loli y Jacinta vieron y enten– dieron durante la primera «noche de los gritos» fue especialmente a propósito del Aviso... (véase más adelante, en el capítulo III de la 3.ª Parte); y la noche si– guiente fue cuando ellas dos y Conchita tuvieron las visiones sobre el Castigo. Podemos pensar que, o Jacinta y Loli no entendieron bien por entonces la .Sis– tinción entre Aviso y Castigo, o que ellas, deliberadamente, guardaron completo silencio a propósito del Aviso, pues sólo Conchita, y ya tardíamente (como conse– cuencia de su visión del 1 de enero de 1965), empezó a decir cosas sobre un Aviso que iba a venir antes del Milagro. 'º Don Valentín, que no estaba presente, escribió en sus anotaciones: «Conchtta escribió unas contestaciones a tres personas.»

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