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CAPÍTULO IV DEL MES DE MARIA A LA FIESTA DEL SANTISIMO SACRAMENTO Acabado el tiempo de Cuaresma, tan interesante siempre (sobre todo en sus últimas semanas), empezó para los cristianos el no menos inte– resante tiempo pascual. Si por una parte viene caracterizado ese tiempo por la celebración jubilosa de la Resurrección de Crist9, no menos se caracteriza, por otra, por el santo empeño de la Iglesia en llevar las almas a la «comu– nión» con El, mediante la eucaristía: es aquí donde Cristo, «nuestra Pascua, actualiza y perpetúa su inmolarse por nosotros como Cordero de Dios que quita los pecados del mundo». A tono con esta dimensión tan característica del tiempo, en Garaban– dal se hicieron más frecuentes entonces las comuniones misteriosas de las niñas por mano del ángel. En una carta de Maximina González, que tiene fecha de 20 de abril de 1962 1 y va dirigida a los Señores Ortiz, de Santanc;ler, encontramos esto: 1 He comprobado repetidamente que en · las cartas de Ma¡dmina no se puede hacer mucho caso de la fecha que aparece al principio de las mismas. La buena mujer -viuda- tenía que hacer muchas cosas, porque, aparte de ser sola para todos los trabajos y atender a sus dos hijos pequeños, recibía huéspedes en su casa, con habitación y comida; había de buscar cualquier pequeño hueco de tiempo entre sus ocupaciones para ir escribiendo cartas; y así, aparte de alguna posible distracción al poner la fecha, más q.e una vez se le pasarían varios días desde que empezaba la carta hasta que ponía el punto final. El viernes de que habla aquí debería ser, juzgando por la fecha de la eqrta (20 de abril, Viernes Santo), el anterior, «de Dolores», 13 de abril de aquel afür
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