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350 -Yo ya le decía que no llorase, que tenía que estar contenta... pero no me hacía caso ... ¿Y si vuelve a llorar cuando se lo cuente? Tan pronto como hubo acabado el éxtasis, Mari Loli vino hacia mí y me comunicó por lo bajo que tenía otro mensaje. Esperó a que nos quedáramos solas, y en seguida me dijo: -Cuando yo estaba hablando con la Virgen, vi que se reía mucho, y que miraba hacia arriba; al preguntarle yo por qué se reía tanto, me ha contestado que al mismo tiempo que Ella me hablaba, "el" estaba viéndola a usted... y que su alegría era muy grande. -¿A quién te refieres, Mari Loli? ¿A mi ... el? No llegué a pronunciar abiertamente su nombre, pero ella me atajó: -¡Eso! Miguel. Me ha dicho la Virgen: "Dile sobre todo a esa seño- ra que mientras hablo ahora contigo, Miguel la está viendo a ella, y que es felicísimo, que está muy contento, muy contento. -¡Dime, Mari Loli! ¿Cómo sabes tú que él se llama Miguel? -Porque yo he preguntado a la Virgen: ¿Quién es Miguel?, y Ella me ha contestado: "El hijo de esa señora." Cuando todo se acabó en aquella madrugada, mi regreso a la casa donde tenía hospedaje fue como andar sobre una nube ... El pueblo se azuleaba ya bajo el cielo todavía estrellado. El sol aguardaba detrás del monte.» Encuentro con la emoción del Misterio Aquella Semana Santa de 1962, 15-22 de abril, primera Semana San– ta en el Garabandal de las apariciones, había de dejar huellas imborra– bles en no pocos espíritus. Por los mismos lugares y a las mismas horas en que doña Mercedes Salisachs tenía las personalísimas experiencias que acabamos de reco– ger, otro distinguido visitante del pueblo iba haciendo también las suyas, con no pequeña emoción. El tal visitante era un médico de la ciudad de Vitoria, don José de la Vega. Hombre creyente, pero no fácil para el entusiasmo, subió a Garabandal como tantos otros, por simple curiosidad: a ver qué pasaba. Lo que allí pasaba le hizo tanto efecto, que creyó un deber de con– ciencia darlo a conocer. Con su firma apareció un reportaje en el diario «El Pensamiento Alavés», el 27 de abril de 1962, viernes de Pascua: «Desde el 18 de junio último, la Virgen se pasea a diario por las tortuosas calles de un pueblecito perdido en las cumbres de los Picos de Europa 17 • Así lo afirman cuatro niñas de once a doce años, nacidas y criadas en plena montaña santanderina, sin más instrucción que la de una escuela primaria y las enseñanzas del cura párroco. Un pueblo entero, de apenas 70 familias, vive desde hace meses en plena confusión. Las niñas, casi cada día, una o varias veces y a horas prefijadas, rezan, hablan y besan a la Virgen, sumidas en profundo éxtasis. Los pobres familiares de estas criaturas están asustados ... 17 Por afán de precisión debo rectificar al médico vitoriano: Garabandal no está en el macizo montañoso de los Picos de Europa, aunque sí cerca de él, en las estribaciones de Peña Sagra, vertiente nordeste.
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